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sábado, marzo 07, 2009

137. SPINOZA, ¿PROFESOR O FILÓSOFO?


(1) Carta de Ludovico Fabritius a Baruch de Spinoza

Ilustrísimo señor:
Mi clementísimo señor, el serenísimo Elector Palatino, me ordena escribirle a Ud. - hasta ahora desconocido para mí, pero apreciadísimo por el serenísimo Príncipe- pedirle que acepte la profesión ordinaria de la filosofía, en su ilustre Academia. El estipendio anual es el que perciben actualmente los profesores ordinarios (...) Ud. tendrá la más amplia libertad de filosofar. El Príncipe confía que no abusará de ella con el fin de perturbar la religión públicamente profesada (...)
Esto sólo agrego, que se verá que transcurrirá plácidamente una vida digna de un filósofo, a menos que ocurra todo lo contrario de lo que es nuestra esperanza y nuestra opinión.
Le ofrezco, ilustrísimo señor, mis saludos. Suyo atentísimo
J. Lodovico Fabritius, Profesor de la Universidad de Heidelberg y Consejero del Elector Palatino. Heidelberg, 16 de febrero de 1673.

(2) Respuesta de Spinoza a Fabritius.

Ilustrísimo señor:
Si yo hubiese tenido alguna vez el deseo de ejercer la profesión de una facultad, ésta que me es ofrecida por su intermedio por el serenísimo Elector Palatino habría sido la única que yo hubiese podido considerar. (...)
Pero, como no fue nunca mi intención enseñar públicamente, no puedo dejar de aprovechar esta bella ocasión para expresar lo que largamente he reflexionado. De hecho, si quisiese dedicarme a la educación de los jóvenes, debería en primer lugar renunciar a hacer filosofía. En segundo lugar, yo no sé entre qué límites deba entenderse comprendida aquella libertad de filosofar, para que yo no parezca querer perturbar la religión públicamente constituida (...)
Suyo : Baruch de Spinoza

(3) Comentario de Mario Trombino

Spinoza no dice por qué, si quisiese dedicarse a la educación de los jóvenes debería renunciar a hacer filosofía, mientras que es posible seguir haciéndola puliendo lentes. El silencio sobre el por qué no hace menos neta la afirmación, sin embargo. A menos que la segunda razón de la negativa deba entenderse como comprendiendo a la primera. Puliendo lentes no se pone en juego la propia búsqueda filosófica; pero educando jóvenes a través de la filosofía, sí.

Trombino, Mario (1999): Elementi di didattica teorica della filosofia. Bologna, Calderini, Traducción de Mauricio Langon
Respeto la determinación muy digna de Spinoza... y al mismo tiempo pienso que tal vez ese ejercicio de la educación le hubiera puesto interlocutores y diálogo a su filosofía, enfrentamiento y discusión, cierta anticipada dialéctica... porque no imagino a Baruch sin defender y ejercer la libertad del pensamiento, también en sus clases... Tal vez por eso, tal vez porque los lentes y su taller fueron mudos testigos de sus cavilaciones y de sus escritos, es posible que haya temido que la generosidad de quien le ofrecía el trabajo podía chocar contra esa necesaria libertad de la especulación... Pero la educación, ¿no es un territorio abierto a la libertad?

miércoles, julio 09, 2008

108. BORGES Y SPINOZA

DOS POEMAS [1]:

(1) SPINOZA

Las translúcidas manos del judío

labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.

(Las tardes a las tardes son iguales.)
Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto

que está soñando un claro laberinto.
No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,

ni el temeroso amor de las doncellas.
Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquél que es todas Sus estrellas


(2) BARUCH SPINOZA


Bruma de oro, el Occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.

Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.

No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,
sigue erigiendo a Dios con la palabra.

El más pródigo amor le fue otorgado,
el amor que no espera ser amado.

[1] Borges pronunció una conferencia sobre Spinoza en abril de 1985 en la Sociedad Hebraica Argentina y con el título "El más adorable de los filósofos". El texto que tengo a la vista consta de páginas fotocopiadas de su publicación en portugués con fecha 15 enero de 1989 en el "Folha de Sâo Paulo" que lo titula "Borges confessa sua 'deslumbrada ignorância' sobre la obra de Spinoza". Echémosle una mirada. En su charla reconoce que había pasado la vida explorando a Spinoza, que se había propuesto hacía mucho tiempo escribir un libro sobre él y al fin no había podido hacerlo. Tenía en su casa varias ediciones de la "Etica", en alemán, en francés, en inglés, y muchos estudios y biografías. Pero al fin se dio cuenta de que había en ese hombre, que dedicó su vida a imaginar a Dios con amor intelectual, algo sobre lo cual no podía sino confesar su ignorancia, su deslumbrada ignorancia. Se dio cuenta de que no podía explicar a otros lo que no podía explicarse a sí mismo. Sobre el hombre Spinoza, refiere que su familia era de origen judío-portugués, que fue admirado por los sabios de su tiempo vivió entre 1632 y 1677, que rehusó cátedras en Heidelberg y en París para dedicarse a la meditación y a su trabajo de tallador de cristales para lentes y microscopios que tuvo que ver con la tuberculosis - causa de su muerte a los 46 años - y una ocupación a la que él mismo, Borges, dedicó la poesía. Estudió las Escrituras, el Talmud, la Cábala, a Maimónides y todos los filósofos de su tiempo. Manifestó que la idea de un Dios que escoge un pueblo y la de un Dios personal le parecían extrañas. Rechazó ambas cosas y divulgó sus dudas entre su comunidad. Pero no era ateo sino lo contrario: profesaba la idea de que todo es Dios. Su panteísmo se manifestaba en la fórmula "Dios, o sea la Naturaleza". Quisieron sobornarlo para que abandonara sus opiniones o las callara, pero como persistió en ideas heréticas la Sinagoga lo excomulgó y le impuso terribles anatemas personales y sociales.Es extensa, brillante y llena de perlas esta poco conocida conferencia de Borges. Por ahí recuerda que Bertrand Russell consideró a Spinoza "the most lovely", el más encantador de los filósofos y comenta que es más importante ser querido que ser admirado. Por ahí que aquel hombre recomendó "no llorar, no esperar, no temer; intentar comprender". Y en su párrafo de cierre: "No sé si conseguí darles una idea de ese adorable ser humano que fue Baruch Spinoza. El no creía en la inmortalidad personal pero escribió: 'Sentimos, experimentamos que somos inmortales'. Pero con esto no se refería a su yo sino a esa sustancia que somos. De algún modo, sentimos la inmortalidad de esa sustancia anterior en el tiempo a nuestro nacimiento, posterior a nuestra muerte en el tiempo".

sábado, julio 05, 2008

107. GENIO MALIGNO Y ESPIRITUS ENGAÑADORES




PROBLEMA DE LA VERDAD Y DE LA REALIDAD EN EL SIGLO XVII
DESCARTES + CERVANTES


DESCARTES: MEDITACION PRIMERA

“Así pues, supondré que hay, no un verdadero Dios —que es fuente suprema de verdad—, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores, no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como sin manos, sin ojos, sin carne, ni sangre, sin sentido alguno, y creyendo falsamente que tengo todo eso. Permaneceré obstinadamente fijo en ese pensamiento, y, si, por dicho medio, no me es posible llegar al conocimiento de alguna verdad, al menos está en mi mano suspender el juicio. Por ello, tendré sumo cuidado en no dar crédito a ninguna falsedad, y dispondré tan bien mi espíritu contra las malas artes de ese gran engañador que, por muy poderoso y astuto que sea, nunca podrá imponerme nada.
Pero un designio tal es arduo y penoso, y cierta desidia me arrastra insensiblemente hacia mi manera ordinaria de vivir; y, como un esclavo que goza en sueños de una libertad imaginaria, en cuanto empieza a sospechar que su libertad no es sino un sueño, teme despertar y conspira con esas gratas ilusiones para gozar más largamente de su engaño, así yo recaigo insensiblemente en mis antiguas opiniones, y temo salir de mi modorra, por miedo a que las trabajosas vigilias que habrían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en vez de procurarme alguna luz para conocer la verdad, no sean bastantes a iluminar por entero las tinieblas de las dificultades que acabo de promover. “
MANUEL GARCIA MORENTE: HIPOTESIS DEL GENIO MALIGNO
Entre las dificultades que plantea la duda metódica, nos detendremos en una tan sólo, en la famosa hipótesis del genio o espíritu maligno (Meditaciones). Después de haber examinado las diferentes razones para dudar de todo, quedan todavía en pie las verdades matemáticas, tan simples, claras y evidentes, que parece que la duda no puede hacer mella en ellas. Pero Descartes también las rechaza fundándose en la consideración de que acaso maneje el mundo un Dios omnipotente, pero lleno de tal malignidad y astucia, que se complace en engañarme y burlarme a cada paso, aun en las cosas que más evidentes me parecen. Esta hipótesis ha sido diversamente interpretada; quién la tacha de fantástica y superflua, suponiendo que Descartes lo dice por juego y sin creer en ella; otros, por el contrario, la consideran muy seria y fuerte, hasta el punto de creer que encierra el espíritu en tan definitiva duda, que no cabe salir de ella sin contradicción. En realidad, la hipótesis del genio maligno ni es un juego ni un círculo de hierro, sino un movimiento dialéctico, muy importante en el curso del pensamiento cartesiano. Repárese en que la hipótesis del genio maligno, necesita, para ser destruida, la demostración de la existencia de Dios. Sólo cuando sabemos que Dios existe y que Dios es incapaz de engañarnos, sólo entonces queda deshecha la última y poderosa razón que Descartes adelanta para justificar la duda. ¿Qué significa esto? Significa el planteamiento y solución de un grave problema lógico, que luego ocupará hondamente a Kant: el problema de la racionalidad o cognoscibilidad de lo real. El genio maligno y sus artes de engaño simbolizan la duda profunda de si en general la ciencia es posible. ¿Es lo real cognoscible, racional? ¿No será acaso el universo algo totalmente inaprensible por la razón humana, algo esencialmente absurdo, irracional, incognoscible? Esta interrogación es la que Descartes se hace bajo el ropaje dialéctico de la hipótesis del genio maligno.

CERVANTES : EL QUIJOTE DE LA MANCHA (1605)

Capitulo II: De la segunda salida de nuestro buen caballero
Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador; y así, se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores. Uno de los remedios que el cura y el barbero dieron, por entonces, para el mal de su amigo, fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque cuando se levantase no los hallase -quizá quitando la causa, cesaría el efeto-, y que dijesen que un encantador se los había llevado, y el aposento y todo; y así fue hecho con mucha presteza. De allí a dos días se levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros; y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba adonde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra; pero, al cabo de una buena pieza, preguntó a su ama que hacia qué parte estaba el aposento de sus libros. El ama, que ya estaba bien advertida de lo que había de responder, le dijo: -¿Qué aposento, o qué nada, busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mesmo diablo.
-No era diablo -replicó la sobrina-, sino un encantador que vino sobre una nube una noche, después del día que vuestra merced de aquí se partió, y, apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el tejado, y dejó la casa llena de humo; y, cuando acordamos a mirar lo que dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno; sólo se nos acuerda muy bien a mí y al ama que, al tiempo del partirse aquel mal viejo, dijo en altas voces que, por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros y aposento, dejaba hecho el daño en aquella casa que después se vería. Dijo también que se llamaba el sabio Muñatón.
-Frestón diría -dijo don Quijote.
-No sé -respondió el ama- si se llamaba Frestón o Fritón; sólo sé que acabó en tón su nombre.
-Así es -dijo don Quijote-; que ése es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en singular batalla con un caballero a quien él favorece, y le tengo de vencer, sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.
-¿Quién duda de eso? -dijo la sobrina-. Pero, ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por lana y vuelven tresquilados?
-¡Oh sobrina mía -respondió don Quijote-, y cuán mal que estás en la cuenta! Primero que a mí me tresquilen, tendré peladas y quitadas las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello. No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera.


Capítulo VIII: jamás imaginada aventura de los molinos de viento
En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. -¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. -Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
-Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas: -Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
-Pues, aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y, en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
-¡Válame Dios! -dijo Sancho-. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
-Calla, amigo Sancho -respondió don Quijote-, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
-Dios lo haga como puede -respondió Sancho Panza.

CAPÍTULO XXI: Que trata de la alta aventura del yelmo de Mambrino
De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de oro, y aún él apenas le hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo: -Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: "Donde una puerta se cierra, otra se abre".
Dígolo porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura; que si yo no acertare a entrar por ella, mía será la culpa, sin que la pueda dar a la poca noticia de batanes ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes.
-Mire vuestra merced bien lo que dice, y mejor lo que hace -dijo Sancho-, que no querría que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar y aporrear el sentido.
-¡Válate el diablo por hombre! -replicó don Quijote-. ¿Qué va de yelmo a batanes? -No sé nada -respondió Sancho-; mas, a fe que si yo pudiera hablar tanto como solía, que quizá diera tales razones que vuestra merced viera que se engañaba en lo que dice.
-¿Cómo me puedo engañar en lo que digo, traidor escrupuloso? -dijo don Quijote-. Dime, ¿no ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro? -Lo que yo veo y columbro -respondió Sancho- no es sino un hombre sobre un asno pardo, como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.
-Pues ése es el yelmo de Mambrino -dijo don Quijote-. Apártate a una parte y déjame con él a solas: verás cuán sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta aventura y queda por mío el yelmo que tanto he deseado.
(…)Calló Sancho, con temor que su amo no cumpliese el voto que le había echado, redondo como una bola. Es, pues, el caso que el yelmo, y el caballo y caballero que don Quijote veía, era esto: que en aquel contorno había dos lugares, el uno tan pequeño que ni tenía botica ni barbero, y el otro, que estaba junto, sí; y así, el barbero del mayor servía al menor, en el cual tuvo necesidad un enfermo de sangrarse y otro de hacerse la barba, para lo cual venía el barbero, y traía una bacía de azófar; y quiso la suerte que, al tiempo que venía, comenzó a llover, y, porque no se le manchase el sombrero, que debía de ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza; y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba. Venía sobre un asno pardo, como Sancho dijo, y ésta fue la ocasión que a don Quijote le pareció caballo rucio rodado, y caballero, y yelmo de oro; que todas las cosas que veía, con mucha facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes pensamientos. Y cuando él vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin ponerse con él en razones, a todo correr de Rocinante le enristró con el lanzón bajo, llevando intención de pasarle de parte a parte; mas cuando a él llegaba, sin detener la furia de su carrera, le dijo: -¡Defiéndete, cautiva criatura, o entriégame de tu voluntad lo que con tanta razón se me debe! El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella fantasma sobre sí, no tuvo otro remedio, para poder guardarse del golpe de la lanza, si no fue el dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado al suelo, cuando se levantó más ligero que un gamo y comenzó a correr por aquel llano, que no le alcanzara el viento. Dejóse la bacía en el suelo, con la cual se contentó don Quijote, y dijo que el pagano había andado discreto y que había imitado al castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se taraza y arpa con los dientes aquéllo por lo que él, por distinto natural, sabe que es perseguido. Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tomándola en las manos, dijo: -Por Dios, que la bacía es buena y que vale un real de a ocho como un maravedí. Y, dándosela a su amo, se la puso luego en la cabeza, rodeándola a una parte y a otra, buscándole el encaje; y, como no se le hallaba, dijo: -Sin duda que el pagano, a cuya medida se forjó primero esta famosa celada, debía de tener grandísima cabeza, y lo peor dello es que le falta la mitad. Cuando Sancho oyó llamar a la bacía celada, no pudo tener la risa; mas vínosele a las mientes la cólera de su amo, y calló en la mitad della. -¿De qué te ríes, Sancho? -dijo don Quijote. -Ríome -respondió él- de considerar la gran cabeza que tenía el pagano dueño deste almete, que no semeja sino una bacía de barbero pintiparada. -¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por algún estraño acidente, debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio, y de la otra mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices. Pero, sea lo que fuere; que para mí que la conozco no hace al caso su trasmutación; que yo la aderezaré en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forjó el dios de las herrerías para el dios de las batallas; y, en este entretanto, la traeré como pudiere, que más vale algo que no nada; cuanto más, que bien será bastante para defenderme de alguna pedrada. -Eso será -dijo Sancho- si no se tira con honda, como se tiraron en la pelea de los dos ejércitos, cuando le santiguaron a vuestra merced las muelas y le rompieron el alcuza donde venía aquel benditísimo brebaje que me hizo vomitar las asaduras.along -No me da mucha pena el haberle perdido, que ya sabes tú, Sancho -dijo don Quijote-, que yo tengo la receta en la memoria. -También la tengo yo -respondió Sancho-, pero si yo le hiciere ni le probare más en mi vida, aquí sea mi hora. Cuanto más, que no pienso ponerme en ocasión de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado, no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y si vienen, no hay que hacer otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por donde la suerte y la manta nos llevare. -Mal cristiano eres, Sancho -dijo, oyendo esto, don Quijote-, porque nunca olvidas la injuria que una vez te han hecho; pues sábete que es de pechos nobles y generosos no hacer caso de niñerías. ¿Qué pie sacaste cojo, qué costilla quebrada, qué cabeza rota, para que no se te olvide aquella burla? Que, bien apurada la cosa, burla fue y pasatiempo; que, a no entenderlo yo ansí, ya yo hubiera vuelto allá y hubiera hecho en tu venganza más daño que el que hicieron los griegos por la robada Elena. La cual, si fuera en este tiempo, o mi DuDulcinea fuera en aquél, pudiera estar segura que no tuviera tanta fama de hermosa como tiene. Y aquí dio un sospiro, y le puso en las nubes. Y dijo Sancho: -Pase por burlas, pues la venganza no puede pasar en veras; pero yo sé de qué calidad fueron las veras y las burlas, y sé también que no se me caerán de la memoria, como nunca se quitarán de las espaldas. Pero, dejando esto aparte, dígame vuestra merced qué haremos deste caballo rucio rodado, que parece asno pardo, que dejó aquí desamparado aquel Martino que vuestra merced derribó; que, según él puso los pies en polvorosa y cogió las de Villadiego, no lleva pergenio de volver por él jamás; y ¡para mis barbas, si no es bueno el rucio! -Nunca yo acostumbro -dijo don Quijote- despojar a los que venzo, ni es uso de caballería quitarles los caballos y dejarlos a pie, si ya no fuese que el vencedor hubiese perdido en la pendencia el suyo; que, en tal caso, lícito es tomar el del vencido, como ganado en guerra lícita. Así que, Sancho, deja ese caballo, o asno, o lo que tú quisieres que sea, que, como su dueño nos vea alongados de aquí, volverá por él
.


jueves, abril 03, 2008

077. DE LA FILOSOFIA MEDIEVAL A LA FILOSOFIA MODERNA

· Pensamiento supeditado a una visión religiosa que domina todas las formas de vida.
· Régimen de vida unitario y homogéneo en occidente.
· Encasillamiento social y económico de los individuos y absoluta jerarquización de los sectores.
· La autonomía individual desplazada o suprimida.
· En todos los ámbitos (social, político, filosófico, cultural, artístico, literario) giran en torno a un motivo único y una organización totalizadora.
· La filosofía se desarrolla al amparo de la teología: los filósofos son también teólogos y miembros asociados o significativos de la Iglesia.
· Uso exclusivo del latín como lengua de la filosofía que se produce y difunde en los monasterios y en las universidades.
· Un único y homogéneo concepto de la filosofía en el marco de la Europa medieval.
· La comprensión de la fe y el camino de la salvación constituyen el fin último de la especulación: no sólo son el espíritu que alientan el filosofar, sino el marco en que se determinan los objetos de la filosofia.
· Los núcleos mas revelantes son DIOS y la TEOLOGIA, la METAFISICA y el HOMBRE (en su relación con el Dios- Creador)El problema de la relación entre la FE y la RAZON recorre toda la especulación medieval.




· Pugna por lograr la autonomía del pensamiento frente a los dictados de los dogmas.
· La nueva edad propone salvar la razón de las imposiciones de la revelación y de la fe.
· Se pone en marcha una nueva concepción del mundo y una nueva interpretación de la vida.
· El motivo religioso no desaparece, pero se circunscribe: darle lugar a la fe no significa someter los avances de las ciencias a sus dictados. Es el libre uso de la razón quien tiene las respuestas.
· Cambian los objetos y las cuestiones de la filosofía: la naturaleza, el mundo, lo terrenal y lo humano (desprendido de la necesaria subordinación a lo sobrenatural).
· El mundo y el hombre se convierten en el centro de la reflexión, interesados en encontrar y conquistar el nuevo puesto del hombre en el cosmos y ejercer el rol de “rey de la creación”.
· El pensamiento contribuye a crear la libertad de las individualidades, la libre disponibilidad de los sujetos.
· La homogeneidad anterior se subdivide respondiendo a caracteres nacionales y escuelas de pensamiento. La filosofía europea comienza a ser un conjunto de de filosofías que provienen y expresan a sus respectivas sociedades.
· La filosofía se aproxima a la ciencia y establece una profunda relación con ella. Crece un sistema riguroso que le otorga una nueva identidad al pensamiento.
· Se abre un amplio debate en torno a la cuestión del método.
· El filósofo-científico es un filósofo laico que lejos de cualquier jerarquía hace una filosofía profana. En general la producción del saber se produce en soledad y ajenos a los conocimientos procesados y difundidos en las universidades (que siguen siendo medievales).El olvido, la sustitución y finalmente el rechazo a la autoridad eclesiástica en los temas específicos de la filosofía y de la fe, se transforma en una aceptación de un nuevo tipo de autoridad: la cientifica, aunque se trata de una autoridad intelectual y no prescriptiva. Ninguna pena cae sobre quienes la discuten o la rechazan porque prevalece únicamente por su apelación intrínseca a la razón, y nunca es una autoridad absoluta, dogmática, indiscutible.

martes, marzo 04, 2008

068. HEGEL

"La autoconciencia es en y para sí en cuanto que y porque es en sí y para sí para otra autoconciencia; es decir, sólo es en cuanto se la reconoce. El concepto de esta unidad de la autoconciencia es su duplicación, de la infinitud que se realiza en la autoconciencia es una trabazón multilateral y multívoca, de tal modo que, de una parte los momentos que aquí se entrelazan deben ser mantenidos rigurosamente separados y, de otra parte, deben ser, al mismo tiempo en esta diferencia, tomados y reconocidos también como momentos que no se distinguen o tomados en esta diferencia, y reconocidos siempre en su significación contrapuesta. El doble sentido de lo diferenciado se halla en la esencia de la autoconciencia que consiste en ser infinita o inmediatamente lo contrario de la determinabilidad en la que es puesta. El desdoblamiento del concepto de esta unidad espiritual en su duplicación presenta ante nosotros el movimiento del reconocimiento. (...)
Por consiguiente, el comportamiento de las dos autoconciencias se halla determinado de tal modo que se comprueban por sí mismas y la una a la otra mediante la lucha a vida o muerte. Y deben entablar esta lucha, pues debe elevar la certeza de sí misma de ser para sí a la verdad en la otra y en ella misma. Solamente arriesgando la vida se mantiene la libertad, se prueba que la esencia de la autoconciencia no es el ser, no es el modo inmediato como la conciencia de sí surge, ni es su hundirse en la expansión de la vida, sino que en ella no se da nada que no sea para ella un momento que tiende a desaparacer, que la autoconciencia sólo es puro ser para sí. El individuo que no ha arriesgado la vida puede sin duda ser reconocido como persona pero no ha alcanzado la verdad de este reconocimiento como autoconciencia independiente. Y, del mismo modo, cada cual tiene que tender a la muerte del otro, cuando expone su vida, pues el otro no vale para él más de lo que vale él mismo; su esencia se representa ante él como un otro, se halla fuera de sí y tiene que superar su ser fuera de sí; el otro es una conciencia entorpecida de múltiples modos y que es; y tiene que intuir su ser otro como puro ser para sí o como negación absoluta. (...)
Ambos momentos son esenciales; pero, como son, al comienzo, desiguales y opuestos y su reflexión en la unidad no se ha logrado aún, tenemos que estos dos momentos son como dos figuras contrapuestas de la conciencia: una es la conciencia independiente que tiene por esencia el ser para si, otra la conciencia dependiente, cuya esencia es la vida o el ser para otro; la primera es el amo, la segunda el esclavo." (HEGEL. FENOMENOLOGIA DEL ESPIRITU. IV. PARTE B)

lunes, diciembre 24, 2007

049. FENOMENO Y NOUMENO

El misterio de las cosas, ¿en dónde está?
Si apareciese, al menos
para mostrarnos que es misterio,
qué sabe de esto el río, ¿qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más ¿que sé yo?
Siempre que veo las cosas
y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
río con el fresco sonido del río sobre la piedra.

Porque el único sentido oculto de las cosas
es que no tienen ningún sentido oculto.
Es más extraño que todas las extrañezas
y que los sueños de todos los poetas
y los pensamientos de todos los filósofos
que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y no haya nada que comprender.

Sí, esto es lo que mis sentidos aprendieron solos:
Las cosas no tienen significación tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

FERNANDO PESSOA

048. KANT Y SU VERSION DEL MATRIMONIO

En esta organización de su vida, que formaba un sistema completo y acabado, exactamente dividido y detallado como un libro kantiano; en este orden estereotipado que tenía en todas sus esferas la independencia personal del filósofo, se comprende muy bien que Kant se bastaba a sí propio en el interior de su casa, y que no había de tener inclinación a la vida entre dos. Realmente, el círculo uniforme de su vida no podía tener otro centro que él. He aquí la razón de que permaneciera célibe. El matrimonio no podía penetrar en el orden de su vida. Su amor exclusivo a la independencia le retenía célibe. Además, las inclinaciones que impulsan al matrimonio no fueron tan vivas en él que causaran a su estado célibe grandes privaciones. No había en su vida hueco alguno que el matrimonio pudiera llenar. Y a medida que avanzaba en edad se arraigaban más sus costumbres, y el sistema de vida que había seguido era incompatible con la vida conyugal. Pretenden sus biógrafos que aun en edad bien avanzada estuvo dos veces a punto de casarse; pero que faltó en el momento oportuno; esto prueba que no había tomado en serio la cosa. Estaba conforme con San Pablo sobre el matrimonio: casarse es bueno; no casarse mejor, y hacía además referencia al juicio de una mujer muy inteligente que le había repetido muy a menudo: «Si te va bien, quédate así.» Mas no debe por esto creerse que fuera insensible o contrario a las mujeres, porque no era ni lo uno ni lo otro, antes bien, gustaba en extremo de su trato y dícese que se mostraba con ellas sumamente amable y atento. Eso sí, no habían de ser eruditas, ni debía versar la conversación sobre puntos que traspasaran los límites prescritos en la buena sociedad. Le impresionaban vivamente las gracias y encantos que da a la sociedad la mujer, pero también es verdad que no sintió mucho que le fuera indispensable en su vida íntima esta bella mitad del género humano. Su falta no le causó tampoco enojo alguno. No dejaron de hablarle de ello sus amigos y hasta de aconsejarle; pero siempre permaneció sordo a sus deseos, aunque los recibiera con benevolencia. Aun teniendo sesenta y nueve años, un [380] pastor de Koenisberg le instó a que se casara y hasta le llevó en hora no acostumbrada un escrito que con este objeto había publicado: «Rafael y Tobías, o el diálogo de dos amigos sobre el matrimonio agradable a Dios.» Kant indemnizó a este buen hombre de los gastos que había hecho, y refería frecuentemente de muy buen humor esta edificante conversación.
El matrimonio es una de esas condiciones que sólo pueden ser conocidas practicándolas, y como Kant no se sometió nunca a ese régimen, permaneció oculta para él la dicha y la dulzura que en esta vida común existen. Él lo consideraba como una relación externa de derecho, en la cual los contrayentes no son el uno para el otro más que un medio y no un fin; y lo que es todavía más característico para su manera de considerar esto, hallaba la parte útil del matrimonio en condiciones económicas, es decir, en el concurso que una mujer rica da a la independencia de su marido. Asegurada esta relación económica y la mutua benevolencia, parecíale el matrimonio realmente feliz y racional por la sencilla causa de que estaba fundado en principios sólidos de la razón. Estos matrimonios de razón eran los que frecuentemente aconsejaba a sus amigos jóvenes, y a veces los instaba vivamente, llegando el caso de disgustarse si notaba que la pasión tenía entrada en sus propósitos. No es posible pensar nada más prosaico, vulgar, común, y en el sentir de algunos hombres, más práctico sobre el matrimonio que lo que pensaba Kant, quien carecía por completo de sentido para comprender su parte poética y sentimental. Falta es esta que sólo podemos perdonar al filósofo achacándosela al solterón. En algunos de sus héroes, parece que es la filosofía poco favorable al matrimonio. Descartes y Hobbes, Spinoza y Leibniz, fueron también célibes.

KUNO FISCHER (1896) + LA VIDA DE KANT

lunes, diciembre 03, 2007

045. FILOSOFIA DEL SIGLO XVIII + TRIUNFO DE LA RAZON

Al promediar el siglo XVII y, sobre todo, en el curso del siglo XVIII, la modernidad consolida su presencia y define su proyecto más expansivo. El mundo se vuelve moderno y la realidad adquiere su definitiva inteligibilidad asociada a la posibilidad de su dominio y transformación. La enumeración de algunos caracteres permitirá descubrir el contexto de posibilidad de las producciones de la ciencia moderna.

1. La razón se vuelve el común denominador de la condición humana: su rasgo distintivo y su identidad. La razón no pretende – como en los siglos anteriores – profundizar el interior de las cosas o su constitución metafísica (esencia, esquematismos latentes, realidad última, noumeno) sino que es una razón instrumental que se ofrece como un recurso de la humanidad para de-codificar e interpretar Toda la realidad.

2. La razón le da nombre al nuevo siglo: iluminismo, ilustración, siglo de las luces. Frente a la presunta oscuridad de los conocimientos del pasado, la nueva edad crea las condiciones para iluminar con las luces de la razón cada sector de lo real (lo humano y lo natural). La razón es civilizadora y con su presencia legislativa y transformadora tiende a superar la barbarie del pasado y de las fuerzas de la naturaleza.

3. La ciencia se asocia a la filosofía (filósofo y científico se identifican) para interpretar el cosmos (astronomía) y el mundo (mecánica). Los diversos representantes convierten al conocimiento racional en el instrumento de dominio. La formulación de diversas leyes permite determinar las constantes de los fenómenos, ordenar la realidad y anticipar su presencia y desarrollo. El sueño de Francis Bacon de convertir la ciencia en un recurso para el hacer y el poder (con la transformación de lo real) permite humanizar la realidad (cultura).

4. Se instaura el concepto de progreso y civilización (opuestos a tradición y barbarie): la humanidad ha entrado en una nueva edad y puede asegurar que la tierra (definitivamente conocida y conquistada) y el universo (descubierto, interpretado y observado) están bajo su dominio. El tiempo permite definir al siglo como el momento cumbre de la humanidad y al futuro como un vasto territorio para ampliar las realizaciones humanas.

5. La razón asume como paradigma el saber científico, principalmente asociado a la matemática y a la física matemática (filosofía natural) y desde este modelo opera en todos los ámbitos de lo humano: la economía, la moral, la política, los sistemas de representación y de gobierno, la organización social, la educación, la moral, la religión, la literatura, el arte etc. La Enciclopedia (británica y francesa) representa la “suma iluminista” que encarna y contiene todo el saber disponible (con un ordenamiento alfabético, no jerárquico); la revolución francesa y el despotismo ilustrado expresan en el ámbito de lo social y de lo político la presencia operativa de la razón, con la vigencia de nuevos principios de manejo del poder y de la sociedad. Nace el ciudadano como unidad sociopolítica que basa sus derechos en su mera condición de ser humano: el ejercicio de la racionalidad.

6. El siglo de las luces asume los caracteres de la civilización europea. Allí está la sede del pensamiento, de la razón y del progreso. La expansión civilizatoria se convertirá en un poder avasallador sobre las diversidades geográficas, raciales y culturales. No hay proyecto alternativo y todo lo distinto será subordinado al discurso hegemónico de la razón (Europa).

7. La fuerza de la ciencia y de la filosofía (razón) radica en la certeza de haber encontrado la llave de la realidad y su absoluto dominio. El hombre se siente efectivamente el rey de la creación, en su único dominador, renunciando a la “minoría de edad” de los tiempos precedentes y a diversas tutorías (Dios, los reyes, los poderes ocultos, las fuerzas irracionales de la naturaleza, lo desconocido, lo misterioso).

8. Mientras la filosofía sufre un período de transición entre los grandes sistemas del siglo XVII y la explosión creativa del Idealismo del siglo XIX (muchos filósofos, poca filosofía), la ciencia produce una expansión cualitativa y cuantitativa. Son muchos los hombres de ciencias y muchos los temas que se descubren, se abordan, se profundizan y se definen, pero a su vez el progreso de la matemática, de la astronomía, de la física, de la química y de las restantes ciencias va sumando diversas estrategias metodológicas (inductivo, axiomático, hipotético deductivo) con el objetivo de avanzar en la producción del saber.

9. La sociedad también recurre a la razón para encontrar la mejor organización, al tiempo que la política y las formas de gobiernos son temas de los debates racionales para ordenar la economía, el control de la violencia, el ejercicio de los derechos, el poder del estado, la participación de los ciudadanos.

10. Hay una circulación activa del saber, de la ciencia y de los conocimientos. El público lector se asocia a la burguesía y permite acceder a los conocimientos y divulgarlos. No se trata de algo privativo de sectores o iniciados, sino un derecho y una posibilidad al alcance de todos los ilustrados (considerando los límites impuestos por los sistemas educativos). Los autores (científicos, filósofos y literatos) conscientes de la situación escriben según los requerimientos de los lectores y la Enciclopedia es la muestra de la divulgación (“democratización”) de los conocimientos.

044. CARACTERES DEL PENSAMIENTO MODERNO

El Renacimiento (como inicio de la modernidad) no tiene una fecha exacta de inicio y florecimiento, cuando se prescinde de discutibles fechas que “cortan” arbitrariamente la historia. Ciertos síntomas de la modernidad asomaban en el siglo XIII y XIV y en algunos países europeos el Renacimiento florece en el siglo XV y XVI :

1. Autonomía del hombre frente a la protección que ofrecía un mundo cerrado y una sociedad controlada en la edad media. El sujeto moderno reconoce que es preferible afrontar los riesgos de la libertad (con sus miedos) que soportar el peso de un control y una obediencia universal (protección y subordinación).

2. Libertad de Pensamiento: progresivo rechazo de los dogmas y defensa de la autonomía de las ideas en los diversos dominios del saber (ciencia, filosofía, economía, política, religión).

3. Centralidad del tema del hombre que opera como el gran ordenador de la realidad. Dios no desaparece, pero deja de ser el centro de referencia y de reflexión, y el hombre se convierte en el eje de la realidad. Es el rey de la creación y quiere ejercer el reinado. El hombre moderno no es el hombre agobiado por problemas y debilidades, sino sobre todo el hombre fuerte, transformador, optimista, que sale a conquistar - con su conocimiento metódico - la realidad.

4. El mundo (el universo) es concebido como la casa que el hombre debe ordenar y el reino que debe gobernar. No es un lugar de purificación ni de paso, sino el ámbito central de la existencia en el que el hombre debe ejercer el reinado. La modernidad terminará poniendo en duda la trascendencia y afirmando la inmanencia y el valor absoluto de este mundo (desacralización)

5. El conocimiento funciona como una disposición y un fortalecimiento de lo humano: sólo el hombre puede llegar al mundo (cosmos) con su saber, objetivarlo, dar cuenta de él, interpretarlo, detectar sus regularidades, establecer las leyes... y el conocimiento se transforma en el verdadero instrumento del poder humano.

6. Conocimiento, ciencia y producciones humanas como los medios para fortalecer su presencia en el mundo. El hombre observa en las producciones de la ciencia (y de la técnica asociada) la posibilidad ver más lejos, llegar a lo máximo (telescopio) y lo mínimo (microscopio), aumentar la precisión, moverse con mayor autonomía, crecer en fortaleza. La proyección de lo humano multiplica su valor y su poder.-

7. Conocimiento como posibilidad de dominio, anticipación y transformación de la realidad. Si el hombre puede ordenar “a priori” la realidad, si puede clasificar “a posteriori” los fenómenos... La realidad misma – en cada una de sus manifestaciones – se vuelve humana. Pasa de lo natural a lo cultural... y el poder del hombre se vuelve civilización. Esta necesidad de progreso y dominio (objeto de la tecnología) promueve los avances de las diversas ciencias.

8. El pensamiento se asocia al rigor de las ciencias, principalmente de la matemática. Alejado de las imposiciones teológicas y metafísicas el saber parece descubrir su paradigma en el funcionamiento de las ciencias, principalmente la física, la astronomía y sobre todo la matemática. La matematización de lo real tienta a todos y la vigencia de un pensamiento riguroso, necesario, universal, seguro multiplica la búsqueda de diversos “discursos del método”.

9. Contraposición del universal humano (la humanidad, los hombres) como signo de poder y progreso y la auto-percepción de la pequeñez del ser humano individual (tiempo y espacio) frente al universo infinito y el peso de la historia... Persiste, sin embargo, la capacidad de superar con el pensamiento los límites mismos del tiempo y del espacio.

10. El hombre esta dispuesto y decidido a construir al mundo como humano, como morada propia, desplazando los principios religiosos y ubicando a Dios como un miembro necesario del sistema, pero respetuoso de la autonomía del esfuerzo humano (secularización)

jueves, noviembre 15, 2007

034. EUROCENTRISMO HEGELIANO

“Los aborígenes son una raza débil en proceso de desaparición. Sus rudimentarias civilizaciones tenían que desaparecer necesariamente a la llegada de la incomparable civilización europea. Y así como su cultura era de calidad inferior, así quienes siguieron siendo salvajes lo fueron en grado sumo: son las muestras mas acabadas de la falta de civilización… A los europeos les tocará hacer florecer una nueva civilización en las tierras conquistadas… Mansedumbre e inercia, humildad y rastrera sumisión frente al criollo y mas aun frente al europeo, son el carácter esencial de los americanos, y hará falta un buen lapso de tiempo para que el europeo consigna despertar en ellos un poco de dignidad”.
HEGEL: Lecciones sobre la filosofia de la historia universal. (1830 – 1831)