
CULTURA OBJETIVA: la cultura es la creación, la realización, la producción incesante del hombre y de la comunidad. En ella el mundo de lo humano aparece en formas objetivas y en patrimonio registrable y acumulado, multiforme y heterogéneo, marcado por el sello de la humanidad, Si bien la cultura es el modo de ser de lo humano (crea y se crea, produce y se produce) esta acción se traduce en un conjunto de realizaciones que histórica y geográficamente podemos ubicar, clasificar, sistematizar y transmitir.
CULTURA SUBJETIVA: Cuando un hombre practica un culto religioso a través de rituales, crea una obra literaria, contribuye a definir una ley, construye una ciudad, siembra un campo, crea una máquina, descubre una ley física, pinta un cuadro, realiza una película, arma un proyecto social, define un sistema filosófico, etc., seguramente en el ámbito de la cultura objetiva (registrable, con posibilidad de ser atesorada como patrimonio, acumulable, forma simbólica) la humanidad -- y la cultura a la que pertenece -- se enriquecen porque aparece un ritual, un cuerpo legislativo, una ciudad, un campo cultivado, un nuevo producto tecnológico, nuevas ideas, obras de artes, etc.... pero los hombres no son los mismos, a partir de este aporte o producto cultural: el hombre se transforma al transformar algún aspecto de la realidad, se dinamiza interiormente, crece, de expande, es más hombre, se proyecta y al mismo tiempo se plenifica.
Esta dimensión no es ajena a la experiencia de la creación cultural, ya que en todos los órdenes, la creación y los trabajos no sólo producen cosas y objetos, sino que producen estados interiores que claramente pueden expresar y definir. Asumimos una interpretación de la cultura se proyecta en una concepción de la educación y de la formación que asume como función privilegiada la constitución subjetiva del ser humano en el seno de cada individuo o educando. En todos los procesos educativos -- entendidos también como la transmisión crítica y sistemática de la cultura -- deberán encontrarse esos cambios interiores que necesariamente deben producir la adquisición de la cultura y la producción de la cultura. Que alguien llegue a conocer una obra literaria, un acontecimiento histórico o un teorema, produce - sobre todo - una transformación interior. En el contacto con la cultura, el hombre no puede ya ser el mismo, y el cambio no es solamente una acumulación de conocimientos que se pueden repetir, sino una vivencia interior, subjetiva. ¿Quién puede negar la experiencia inigualable que significan, el placer que generan un poema o una novela, el descubrimiento de una verdad matemática o filosófica, el entender las series causales asociadas a un acontecimiento histórico?
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Cuando alguien escribe un libro puede ser que el mismo se convierta en un éxito editorial y que sea conocido por la comunidad que lo incorpora como una de sus riquezas; pero puede suceder que nadie lo lea y que el libro duerma en un estante o en un cajón a la espera de un futuro e incierto lector: en ambos casos, el escritor se ha enriquecido: ya no es el mismo; algo o mucho ha cambiado a partir de ese esfuerzo... La educación -- en todos los niveles -- aunque transmite y produce cultura objetiva, en realidad debe generar cultura subjetiva, transformaciones interiores... Los grandes hombres de la cultura no lo son sólo por lo que pudieron hacer, producir, dejar en herencia; hay un rango de humanidad que supieron y pudieron ejercer y que – irremediablemente – murió con ellos...Con Cervantes y Shakespeare desaparece la capacidad de crear el universo literario; con Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci la posibilidad de producir arte mucho más allá de lo producido... y con Newton o Einstein la posibilidad de crear ciencia... ¿Con cuántos mundos increados desaparecieron cada uno de ellos?
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