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viernes, junio 06, 2008

102. EPICURO: GOCE Y ATARAXIA

“Nosotros necesitamos del deleite cuando nos dolemos de no tenerlo; mas cuando no nos dolemos, ya no lo necesitamos. Por lo cual decimos que el deleite es el principio y fin de vivir felizmente. A éste conocemos por primero y congénito bien: de él toman origen toda elección y fuga; y a él ocurrimos discerniendo todo bien por medio de la perturbación o pasión como a regla. Y por cuanto es éste el primero y congénito bien, por eso no elegimos todos los deleites, antes bien acontece que pasamos por encima de muchos cuando de ellos se nos ha de seguir mayor molestia. Aun preferimos algunos dolores a los deleites, si se ha de seguir mayor deleite a la diuturna tolerancia de los dolores. Todo deleite es un bien a causa de tener por compañera la naturaleza, pero no se ha de elegir todo deleite. También todo dolor es un mal; pero no siempre se han de huir todos los dolores. Debemos, pues, discernir todas estas cosas por conmensuración, y con respecto a la conveniencia o desconveniencia; pues en algunos tiempos usamos del bien como si fuese mal, y al contrario, del mal como si fuese bien. Tenemos por un gran bien el contentarse con una suficiencia, no porque siempre usemos escasez, sino para vivir con poco cuando no tenemos mucho, estimando por muy cierto que disfrutan suavemente de la magnificencia y abundancia los que menos la necesitan, y que todo lo que es natural es fácil de prevenir; pero lo vano, muy difícil. Asimismo, que los alimentos fáciles y sencillos son tan sabrosos como los grandes y costosos, cuando se re mueve y aleja todo lo que puede causarnos el dolor de la carencia.

“La imperturbación o tranquilidad consiste en que, apartándonos de todas estas cosas, tengamos continua memoria de las cosas universales y principalísimas. Así, debemos, atender a las presentes y a los sentidos, en común a las comunes, en particular a las particulares, y a toda la evidencia del criterio en el juicio de cada cosa. Si atendemos a esto, hallaremos ciertamente las causas de que procede la turbación y el miedo, y las disiparemos; como también las causas de los meteoros y demás cosas que de continuo suceden y que los hombres temen en extremo.”
CARTAS

101. EPICURO: FUTURO + FILOSOFIA

“Se ha de tener en memoria que lo futuro ni es nuestro, ni tampoco deja de serlo absolutamente: de modo que ni lo esperemos como que ha de venir infaliblemente, ni menos desesperemos de ello como que no ha devenir nunca. Hemos de hacer cuenta que nuestros deseos, los unos son naturales, los otros vanos. De los naturales unos son necesarios, otros naturales solamente. De los necesarios unos lo son para la felicidad, otros para la tranquilidad del cuerpo, y otros para la misma vida. Entre todos ellos, la especulación es quien sin error hace que conozcamos lo que debemos elegir y evitar para la sanidad del cuerpo y tranquilidad del alma; pues el fin no es otro que vivir felizmente. Por amor de esto hacemos todas las cosas, a fin de no dolernos ni conturbarnos. Conseguido esto, se disipa cualquiera tempestad del ánimo, no pudiendo encaminarse el animal como a una cosa menor, y buscar otra con que complete el bien del alma y cuerpo.”

“Ni el joven dilate el filosofar, ni el viejo de filosofar se fastidie; pues a nadie es intempestivo ni por muy joven ni por muy anciano el solicitar la salud del ánimo. Y quien dice, o que no ha llegado el tiempo de filosofar o que ya se ha pasado, es semejante a quien dice que no ha llegado el tiempo de buscar la felicidad, o que ya se ha pasado. Así, que deben filosofar viejos y jóvenes: aquéllos para reflorecer en el bien a beneficio de los nacidos; éstos para ser juntamente jóvenes y ancianos, careciendo del miedo de las cosas futuras. Conviene, pues, cuidar de las cosas que producen la felicidad, siendo así que con ella lo tenemos todo, y no teniéndola, lo ejecutamos todo para conseguirla. Practica, por tanto, y solicita las cosas que te he amonestado repetidas veces, teniendo por cierto que los principios, para vivir honestamente”.
CARTAS

100. EPICURO : LA MUERTE

“Acostúmbrate a considerar que la muerte nada es contra nosotros, porque todo bien y mal está en el sentido, y la muerte no es otra cosa que la privación de este sentido mismo. Así, el perfecto conocimiento de que la muerte no es contra nosotros, hace que disfrutemos la vida mortal, no añadiéndola tiempo ilimitado, sino quitando el amor a la inmortalidad. Nada hay, pues, de molesto en la vida para quien está persuadido de que no hay daño alguno en dejar de vivir. Así, que es un simple quien dice que teme a la muerte, no porque contriste su presencia, sino la memoria de que ha de venir; pues lo que presente no conturba, vanamente contrista o duele esperado. La muerte, pues, el más horrendo de los males, nada nos pertenece; pues mientras nosotros vivimos, no ha venido ella; y cuando ha venido ella, ya no vivimos nosotros. Así, la muerte ni es contra los vivos ni contra los muertos; pues en aquéllos todavía no está, y en éstos ya no está. Aún muchos huyen la muerte como el mayor de los males, y con todo eso suelen también tenerla por descanso de los trabajos de esta vida. Por lo cual el sabio ni teme el no vivir, puesto que la vida no le es anexa, ni tampoco lo tiene por cosa mala. Y así como no elige la comida mas abundante, sino la más sabrosa, así también en el tiempo no escoge el más diuturno, sino el más dulce y agradable.” (Cartas, en Diógenes Laercio: Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres".

domingo, marzo 09, 2008

070. FILOSOFIA COMO TOTALIDAD

“Aristóteles pensaba que la episteme (ciencia) consistía en organizar los materiales empíricos de acuerdo con algunas ineluctables leyes o principios máximamente generales y necesarios, como por ejemplo los que se refieren al ser y a la teoría de la causalidad. La tarea del filósofo consiste en el hallazgo de esos principios o leyes y en la reflexión sobre ellos, siendo tarea del científico la aportación de datos. Aristóteles creía que el máximo desideratum consistía en que filosofía y ciencia caminasen de consuno y exigía la trabazón armónica de ambas.
No podía ser de otra manera, pues así se comportaba la práctica filosófico-científica de los griegos. Por ejemplo, la Academia de Platón no era sino el ingente esfuerzo de reflexión compartida entre poderosas mentes y personalidades esclarecidas que aportaban conocimientos diversos: matemáticas, geometría, física, filosofía, política, literatura, urbanismo, arquitectura, medicina, etcétera, y los diálogos de Platón son el reflejo escrito-dialogado de esos encuentros. La Academia era un magno instituto interdisciplinar. Algo que no se ha repetido jamás, a pesar de que cada vez somos más conscientes de la necesidad de que así se debería articular el verdadero saber. No es, pues, retórica la afirmación de que mucho tenemos que aprender de los griegos.
Aristóteles pretendió hacer lo mismo en el Liceo, siendo él el mentor y guía espiritual del mismo. El Liceo era una verdadera Universidad, en el genuino sentido, no burocrático-clasista, de la palabra.
A una verdadera Universidad no le es ajeno ningún campo del saber. Por tal razón, el Liceo se ocupó de todas las ramas de la ciencia entonces conocidas. Una de ellas, obviamente, la política. La teoría política aristotélica se entreteje, siempre y necesariamente, con sus concepciones éticas y metafísicas: el individuo es un organismo que despliega su esencialidad en la comunidad política, que es su fin, en la que, con su solidaria actuación, logrará la felicidad.” (Antonio Alegre Gorri: Introducción a la Política de Aristóteles)

viernes, febrero 08, 2008

056. HERACLITO DE EFESO

Aunque esta razón existe siempre,
los hombres se tornan incapaces de comprenderla,
tanto antes de oírla como una vez que la han oído.
En efecto, aun cuando todo sucede según esta razón,
parecen inexpertos al experimentar con palabras y acciones
tales como las que yo describo,
cuando distingo cada una según la naturaleza
y muestro cómo es; pero a los demás hombres
les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos,
del mismo modo que les pasan inadvertidas
cuantas hacen mientras duermen.
Fragmento 22 B 1

Por lo cual es necesario seguir a lo común;
pero aunque la razón es común,
la mayoría viven como si tuvieran una inteligencia particular.
Fragmento 22 B 2

Cuando se escucha, no a mí, sino a la Razón,
es sabio convenir en que todas las cosas son una.
Fragmento 22 B 50

A la naturaleza le place ocultarse
Fragmento 22 B 123


Traducción de Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá, enLos filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, España,1978.

jueves, noviembre 15, 2007

036. LA FILOSOFIA COMO SABER FUNDANTE Y UNIVERSAL.

La filosofía es un saber fundante porque se encarga de los temas y de las cuestiones que anteceden a los planteos y respuestas de la ciencia. Por su parte – especialmente desde Aristóteles – la filosofia es un saber universal porque se ocupa de todos los entes en cuanto tal, es decir, en cuanto que son entes, no en cuando son una cosa u otra en particular. ¿Por qué hablamos de un saber fundante y universal?

1º. Porque es un saber que no reconoce límites ni se impone frontera, sino que se hace cargo de todo, aun de aquello que puede ser objeto de ciencias particulares. Lo que las ciencias toman como supuesto, la filosofía lo convierte en objeto de reflexión.

2º. Porque es un saber que trabaja en y con los fundamentos, discutiendo o poniendo en cuestión aquello que se da por supuesto, que en una primera mirada no se nos revela o se nos escapa. Por eso decimos que la filosofía es un saber sin supuestos, precisamente porque se encarga de ellos.

3º. Porque es un saber que ayuda a constituir los saberes particulares, las diversas ciencias, pero no se desprende de los temas que le pertenecen. La filosofía siempre se mantuvo vinculada con las diversas ciencias y sus producciones. No se opone a la ciencia, sino que se complementa y ocupa otro plano.

4º. Porque es un saber que sale a la búsqueda de todos los problemas, temas y cuestiones, sin refugiarse en UNA parcela predeterminada. Su carácter universal es el que le permite asumir las más variadas cuestiones: los des-cubre, los discute, los analiza, aporta sus interpretaciones.

5º. Porque es un saber directamente vinculado con la existencia misma del hombre, con sus cuestiones mas importantes, con aquellas en las que el ser humano – el único ser con capacidad de interrogantes, de cuestionarse, de preguntarse – juega sus propias posibilidades: el ser, la realidad, lo trascendente, el obrar, los valores, el bien, la belleza, la vida en sociedad, la realización vital, el llegar al ser y el dejar de ser.

Así lo entendieron los griegos, el pueblo que históricamente “inventó la filosofía” o procesó una forma peculiar de pensamiento, utilizando determinadas categorías lógicas que – como ha sucedido con otras disciplinas – ha sido patentada como filosofía. No hubo un programa inicial, un plan diseñado desde el origen, sino un ponerse en camino, construyendo lentamente el territorio de la filosofía, siempre abierto, siempre incompleto. Porque desde aquellas respuestas originales del siglo VI antes de Cristo hasta nuestros días hay un hilo conductor que unos une: somos los mismos seres humanos, viviendo en el mismo universo, tratando de encontrarle sentido y el secreto a nuestra vida y a la realidad.
NORO JORGE EDUARDO

035. ORIGEN DE LA FILOSOFIA Y PENSAMIENTO ANTIGUO

La filosofía surge en la antigua Grecia. Eso no implica concluir que la única manera de pensar y de hacer filosofía sea la griega, pero lo que denominamos “filosofia” tiene un origen determinado en un momento y en un lugar histórico: Grecia y alrededor del siglo VII a. C. El origen de la filosofía ha sido una cuestión controvertida a lo largo de la historia del pensamiento: la filosofía como la forma de pensamiento racional por excelencia representa un tipo de pensamiento que no recurre a la acción de elementos sobrenaturales para explicar la realidad, sino a un lenguaje y a un tipo de razonamiento (lógica) con caracteres específicos.

Los orientales – con culturas con mayor peso histórico – no fueron ajenos a la filosofia, pero si asimilamos la filosofía a un discurso racional entendido como la imposibilidad de recurrir a lo sobrenatural para explicar los fenómenos naturales, y al rechazo de la contradicción, resulta difícilmente sostenible la existencia de una filosofía oriental. Las ciencias que se cultivaban en los pueblos de los que los mismos griegos se nutrieron en los orígenes no tienen una producción tan purificada ni elaborada.
La estructura mítica que caracteriza las explicaciones originales son compartidas por todos los pueblos, con caracteres muy similares (asumen forma de relatos que presentan teo-gonías, antropo-gonías, cosmo-gonías y etio-gonías): un mito es un relato acerca de los orígenes, una narración no una solución a un problema, una creación fantasiosa que satisface a quienes creen en ella. Al mismo tiempo que narra, sitúa al hombre en la realidad, le asigna un papel, una función, un sentido, por lo que adquiere también una función social: hacer inteligible el orden real y social. Pero lo específico del mito es que no apela a la razón sino a la fe, no se construye con parámetros lógicos y racionales sino que recurre a la creación propia de la imaginación. Representa una respuesta satisfactoria para quienes están dispuestos a aceptar el relato y a darlo por válido, no necesariamente por verdadero. La utilidad de la narración sustituye la investigación acerca de su legitimidad, tarea que siempre trata de hacer la filosofia.

Pero es en Grecia – con una estructura de funcionamiento social muy particular, a través de las polis y la creciente presencia de los ciudadanos en ella, participando activamente de su gobierno y de sus leyes – donde el mito lentamente fue dando lugar a la sabiduría, a la filosofía, al discurso racional. Cuando las respuestas míticas asoman como insuficientes, se construyen las respuestas racionales: aunque algunas de estas respuestas pueden asociarse a las ciencias (matemática, astronomía, medida de la tierra), en realidad se trata de un saber más original y fundante que incluye otros conocimientos. No se extrañar que muchos de los que denominamos filósofos manejen conocimientos matemáticos, geométricos y astronómicos, juntos con otros saberes prácticos. Las explicaciones míticas acerca del origen, comunes a todas las civilizaciones, poseen unas características también comunes que contrastan con las características del pensamiento filosófico: el recurso a entidades sobrenaturales para explicar ese origen, y el recurso a una lógica ambivalente, permitiendo que el mismo elemento o recurso explicativo se comporte ya sea como un dios, ya sea como un elemento natural, estarían entre las más significativas. El rechazo de estas características, será propio de la filosofia, considerando, también, que tal rechazo no parece producirse en la llamada filosofía oriental.
El paso del mito al pensamiento racional, el nacimiento de la filosofía significa que la función paradigmática del mito que es de orientación descendente, esto es, el mundo superior explica el mundo inferior, cede su palabra a los primeros filósofos cuya orientación será ascendente, es decir, a semejanza de las fuerzas que operan y son perceptibles en este mundo cotidiano como microcosmos es explicable lo originario y primordial como macrocosmos. No hay lugar ya, aparentemente, para todo ese aparato divino cosmogónico y teogónico, ni para las antropomorfizaciones, combates, amores y arbitrarias uniones explicativos del cosmos. El mito exige una fe ingenua que el filósofo no está dispuesto a concederle. El presente, las realidades existentes, tà ónta, lo que entra dentro del campo de la experiencia humana, cobra una nueva dimensión, que el mito no puede satisfacer. Lo que la fe hacía aparecer como dioses u obra de dioses los presocráticos lo reducen a elementos o causas naturales. Por tanto, hemos de pensar que cuando los presocráticos, sobre todo los primeros, ofrecían sus soluciones basadas, exclusivamente en la razón, constituían un pequeño número de intelectuales, comparado con el global de la población prácticamente analfabeta, la inmensa mayoría los vería como individuos o grupos de personas un tanto peculiares, que además se expresaban utilizando – además de sus exposiciones orales – un tipo de género literario poco atractivo como era la prosa, que no pod`´ia competir con los versos.

Los primeros filósofos se centran en la naturaleza, en el macrocosmos, en su arché o arjé, en el terreno cosmogónico es ocupada por causas naturales, no divinas, que explican "de dónde" y "cómo" ha surgido el cosmos en que estamos inmersos. Pero si se ajusta el análisis y el pensamiento se advierte que la racionalidad implica sólo el uso de la demostración, de la prueba. Como antes el pensamiento – pero no el individual, sino el colectivo - fabrica o reproduce mitos, ahora elabora pruebas, razones. El mito prendía en la mente por el prestigio emotivo de la antigüedad ya que era una tradición inmemorial que no reconocía autores, y por la gracia de su dramatismo antropomórfico. La prueba, en cambio, gana a la mente por su evidencia, es decir, que gana a cada hombre normal en cada instante.
Hay una fuerte tendencia en ver en el mito una etapa provisional, inmadura, infantil del espíritu humano, llamado a ser superado por el lógos filosófico, por el pensamiento lógico, mediante la racionalización y secularización. Pero no se trata necesariamente de una contradicción o de una relación de subordinación jerárquica, en la que frente al logos, el mito irremediablemente cae y desaparece. Mito y lógos son dos formas de pensar con su lenguaje propio, no excluyentes entre sí de forma absoluta, sino que dentro del pensar mítico queda sitio para muchos aspectos lógicos y viceversa.El nacimiento de la filosofia no inhabilita otras formas de acceso a la realidad. La flosofía se asociará a las ciencias en el uso complementario de las pruebas, la lógica y la razón; pero el ser humano también accederá al dominio de la realidad a través del arte (que pone en funcionamiento otro tipo de relación con lo real), a través del ritual convertido en magia y cábala, y a través de la religión que representa una relación mas purificada con lo trascendente.
NORO JORGE EDUARDO

miércoles, octubre 03, 2007

009. HERACLITO, DOLINA Y EL REGRESO

No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible. Los Hombres Sensibles de Flores, en sus nocturnas recorridas por las calles del barrio, planeaban volver.
Volver a cualquier parte. A la adolescencia, para reencontrarse con los amores viejos. A la infancia, para recobrar las bolitas perdidas. A la primera novia, para jurarle que no ha sido olvidada. A la escuela, para sentir ese olor a sudor y tiza que no se encuentra en ninguna otra parte.
Volver fue para ellos la aventura prohibida. Cada noche soñaban con patios queridos y cariños ausentes. Y cada mañana despertaban llorando desengañados y revolvían la cama para ver si algún pedazo de sueño se había quedado enganchado entre las cobijas. (…)
Desde luego, los Refutadores de Leyendas se burlaban de todo esto.
- ¡Saluden a los nuevos tiempos! -gritaban-. El mundo marcha hacia adelante.
La comparsa racionalista acusaba a los Hombres Sensibles de retrógrados y conservadores. Tal vez tenían algo de razon: Mandeb y sus amigos andaban siempre por los mismos lugares, contaban miles de veces las mismas anécdotas y se divertían robando nísperos siempre en la misma casa.
- Marchan ustedes a contramano de la historia -rugían los Refutadores. Y era cierto. Pero siempre es recomendable recorrer la vida a contramano, sobre todo si uno sospecha quien ha puesto las flechas del tránsito.

En los años dorados del barrio del Angel Gris, funcionaba en la calle Gavilán la agencia Todo para el Regreso. Esta empresa organizaba unos viajes y peregrinaciones cuyo atractivo principal estaba en la vuelta. Por cierto, solían elegir lugares horrorosos, con alojamientos míseros y comidas inmundas, precisamente para acrecentar el deseo de volver cuanto antes.
Pero el mayor éxito se obtuvo con el Servicio de Recuperación de Vecinos. La agencia se ocupaba de localizar y entrevistar a pobladores antiguos, alejados del barrio por las perversas mudanzas. Por un precio razonable se les ofrecía una fiesta callejera en su viejo vecindario, con la presencia de todos los personajes de la zona. El servicio incluía la entrega de un pergamino, palabras alusivas a cargo de empleados de la empresa y llegado el caso, indumentaria apropiada para que el vecino emigrante pudiera fingir opulencia si lo deseaba.
Existía -además- un plan superior que contemplaba la reinstalación lisa y llana del vecino perdido en su antigua residencia. Desde luego, los costos eran grandes y no resultaba sencillo vencer las dificultades que se presentaban: desalojo del nuevo ocupante de la finca, abolición de las eventuales reformas, rescate de los muebles originales y restauración del exacto grado de higiene en que acostumbraban vivir el cliente y su familia. (…)
En realidad, hay que confesar que durante todo el tiempo que funcionó el Servicio de Recuperación de Vecinos, solamente una vez se concretó el plan superior. Fue el famoso regreso de la familia del ingeniero Vaccari a su casa de la calle Bolivia (…) La historia no tuvo un final feliz. Leonor rechazó tercamente a Jorge Allen y se entreveró con un carnicero que venía a rondarla precisamente desde Bancalari. Allí mismo se fueron a vivir cuando se casaron, un año después. El resto de la familia Vaccari acabó mudándose más tarde a San Miguel, barrio del que no fueron rescatados jamás.

El ruso Salzman, legendario jugador de dados, también supo hacer un negocio parecido. Sin la intervención de la agencia, se decidió a comprar la casa de su infancia, ocupada desde hacia años por perfectos desconocidos. En semejante patriada, el ruso gastó la memorable ganancia de una noche gloriosa en el casino de Mar del Plata. Una vez instalado, comprendió que la inversión habia sido inútil.
- He recuperado mi casa -dijo-. Pero la infancia, no.
Catorce años después de haber egresado como bachiller, Manuel Mandeb volvió a inscribirse en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda. El polígrafo de Flores estaba entusiasmado con la ida y propuso a sus antiguos compañeros que hicieran lo mismo, para repetir la época más feliz de sus vidas. No tuvo mucha suerte: Avila, Capel, Carrasco, Cichoworsky, Donath, Frascarelli, Frezza... Por orden alfabético todos se fueron negando y presentando sólidos pretextos. El trabajo, la familia, la distancia, el dinero. De algún modo misterioso aquellos atorrantes habían contraído la responsabilidad. Manuel Mandeb no se achicó y comenzó las clases. Y el primer día trató de reproducir episodios divertidos que habían ocurrido antes, pero las cosas no eran iguales. Sus nuevos compañeros eran bastante chitrulos y se resistían a secundarlo en sus travesuras, no le llamaban El Turco sino El Abuelo. Para peor, algunos profesores creían recordarlo vagamente y no sabían si confundirlo con su hijo o con su padre. (…)
La agencia Todo para el Regreso se fundió por falta de clientes. En un último esfuerzo, sus dueños ofrecieron servicios économicos. Eran retornos fingidos, vueltas sin ida, reencuentros sin ausencia. El interesado podía simular su viaje al Africa. La empresa se encargaba del recibimiento, los abrazos y las lágrimas. El éxito fue nulo. Por esos días, Manuel Mandeb escribió su oscuro ensayo Nunca se Vuelve. Leamos algunos párrafos:
"No es posible regresar a ninguna parte. Los puntos de partida no se quedan quietos y a la vuelta ya no están. Para poder volver se necesita, por empezar, un punto de partida eterno e inmutable. Pero todo se mueve y no hay forma de detener el Universo. Créanme si les digo que nadie ha efectuado nunca jámas un verdadero regreso. El hombre que lo consiga cumplirá la hazaña más grande de la historia."

La idea de no bañarse dos veces en el mismo río no constituye ninguna novedad filosófica. Pero adviértase que Mandeb deseaba en verdad volver a bañarse. Esta fue su mayor obsesión y siempre lamento amargamente no poder remontar los tiempos.
Los Refutadores de Leyendas se alegran de la dinámica universal y esperan el futuro con impaciencia. Desean liberarse del pasado, romper las cadenas. Pero si esto encierra la idea de libertad, hay que reconocer que Manuel Mandeb fue mucho más lejos:
"¿Por qué no puede uno estar en varios lugares al mismo tiempo? ¿Qué es esto de no poder volver al pasado ni visitar el futuro? ¿Por qué no es posible extraer de las premisas de la razón las consecuencias que a uno se le antojen?
"Ah, la libertad...la libertad sin tiempo, ni espacio, ni lógica. La libertad de vivir todas las vidas, de estar en todas partes, de recorrer las edades. ¿Qué dicen a esto los libertarios sin frontera?"
Pero las cosas son como son. Esa es la pena de los Hombres Sensibles. La misma de los viajeros que no pueden volver atrás. Ellos no han nacido para viajar. Y sin embargo, ahí andan con la vida llena de extraños, ansiando la inmortalidad, solamente para poder regresar.Algunos tratan de no partir: amor...quédemonos aquí... Pero el que no parte también se queda solo.En Flores se suele contar la leyenda de Anton Raffo, quien según parece poseía el Secreto del Regreso. Mandeb y Jorge Allen llegaron a conocerlo. Es cierto que el hombre usaba en su conversación algunos giros inquietantes.
- Ya voy a arreglar eso cuando sea un poco más joven.
- He besado muchas veces a Mónica. Pero será mucho mejor cuando le dé el primer beso. - Ya estoy harto de nacer, caballeros.
Aquí cabe una modesta reflexión. Aún cuando fuera posible volver al pasado, nada sería igual. Todos los actos de nuestra vida repetidos minuciosamente, serían distintos al estar ocurriendo por segunda vez. Esta diferencia es sustancial. Llevaríamos con nosotros la carga de la experiencia anterior. Nos estaría negada la ansiedad y la esperanza. ¿Con qué entusiasmo apostaríamos a las cartas que ya sabemos perdedoras? Alguien dirá: sería preciso borrar la memoria y volver al pasado sin recordar que ya lo vivimos. Respuesta: ¿de qué sirve volver si uno no sabe que vuelve? Para el caso es posible pensar que ahora mismo estamos viviendo por segunda o quinta vez la misma vida.

Quien les escribe ha soñado muchas veces este episodio: Camino por la calle Urquiza, en Caseros. Soy como ahora, un grandulón melancólico. Pero descubro que no estoy en el presente sino en los primeros años de la década del 50. Llego ante la casa que lleva el número 68 y toco el timbre. Al rato sale a recibirme un nene mugriento y desconfiado. Soy yo mismo. Abrazo emocionado al chico. Desde adentro oigo la voz del abuelo que pregunta quién es.
El libro de aventuras del regreso sigue en blanco. Ni los Hombres Sensibles, ni los Pensadores del Eterno Retorno, ni muchos de nosotros - que a veces creemos volver- hemos podido dar un solo paso. Esto no nos impide ser dichosos algunas veces, a pesar de todo. Las personas decentes nos piden madurez y resignación. Quieren que olvidemos nuestras trágicas ensoñaciones. Pero nosotros no queremos olvidar. Y el que olvide, jamás, jamás podrá ser nuestro amigo. Ni siquiera cuando volvamos a encontrarnos otra vez y para siempre.

Refutación del regreso [1]
Alejandro Dolina.
[1] PABLO NERUDA en su muy conocido POEMA 20, aquel que que comienza con “Puedo escribir los versos mas tristes esta noche” y finaliza con “Aunque éste sea el último dolor que ella me causa/ y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”, dice: “La misma noche que hace blanquear los mismos árboles /Nosotros, los de entonces, no somos los mismos”. No nos bañamos dos veces en el mismo río. Cuando regresamos ni nosotros ni el río son los mismos.