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martes, enero 19, 2010

168. EL CUERPO NUESTRO DE CADA DIA


01. El mejor cuerpo es el cuerpo que funciona bien. No es el más bello, el mas armónico, el que responde a los parámetros culturales de la belleza, sino que es el que nos regala un estado de homeostasis, de bienestar: no impone condiciones sino que nos deja vivir. La homeostasis es un estado de equilibrio interior y exterior que permite vivir una sensación de bienestar psicofísico y de armoniosa relación con el entorno. Todo funciona y se percibe subjetivamente un estado positivo y favorable: al levantarse, al realizar las diversas actividades y tareas, al regresar al descanso nocturno.

02. Necesariamente se trata de una percepción subjetiva, una experiencia que siempre es propia, única y que no tiene valor absoluto. El estar bien para unos, puede no ser asimilable al estar bien para otros: temperatura, comodidades, servicios, entornos, hasta grados de molestia y dolor son variables y se articulan con diversos organismos. Puede suceder que en algunos casos, culturalmente sea imposible imaginar el bienestar en un lugar, en un entorno o en condiciones que – sin embargo – son ampliamente satisfactorias para otros. Pero a su vez, el estar bien no necesariamente representa un ideal o un espejo para los otros, ni interpretar el “bien-estar” como algo inalcanzable o de menor valor de referencia.

03. Solamente sobre este bienestar se puede construir el ideal de armonía o de belleza: sin el buen funcionamiento del cuerpo, la belleza es vacía, porque la armónica proporción del rostro y del cuerpo (como construcción histórica y cultural) sólo puede sostenerse sobre la percepción del propio bienestar. Si alguien no se siente bien, si su cuerpo no funciona… ¿de que sirve la belleza? La belleza o la armonía de un hombre o de una mujer suponen (frecuentemente presuponen) que el hombre y la mujer bellos deben necesariamente tener un cuerpo en perfecto funcionamiento: el kalos (belleza) reconoce el agatos (bueno) y en este caso, conjetura y exige además la homeostasis. Lo bello debe ser necesariamente bueno y la bondad no es sólo moral, sino funcional. Si alguien es hermoso, ¿cómo no se va a sentir necesariamente bien? Y bien se sabe que eso no es, no puede ser, rigurosamente cierto.

04. El cuerpo que mejor funciona es el que no se siente. Cuando todo anda bien, no se siente la garganta al hablar, la dentadura al comer, el oído, la vista, el aparato digestivo, las piernas, las articulaciones, los pies. Nada: el cuerpo es como un automóvil que nos desplaza sin ruidos, sin molestias, con placer. Es esa sensación que todos hemos tenido y frecuentemente tenemos: la vitalidad necesaria para trabajar, las energías requeridas para divertirnos, el entusiasmo necesario para vivir. El cuerpo arranca bien a la mañana, funciona a pleno durante el viaje y se ofrece generoso y sin vueltas para el descanso, al concluir la jornada.

05. Cuando el cuerpo da señales de vida (curiosamente signos de dolor, de menor calidad de vida) en cuando lo percibimos. Cuando se regulariza, lo silenciamos, lo pasamos a un segundo plano. Si el oído duele, si las piernas pesan, si el estómago se resiste a una digestión saludable, si una jaqueca provoca molestias en la cabeza, si una muela dificulta nuestra cena, si el dolor de una rodilla nos impide caminar normalmente, si hay un dolor de garganta que altera nuestra conversación, si algún dolor (aun no identificado) dispara nuestro mal-estar el cuerpo se nos revela, nos da señales, exhibe su presencia, pide atención. A veces el malestar se transforma en dolor y el dolor inhibe otras funciones, ya que exige que atendamos, que atenuemos su impacto o que tratemos de soportarlo. En todos estos casos, el cuerpo está allí, presente, real, necesario, molesto, inoportuno, ajeno a nuestras urgencias y a nuestras preocupaciones, ocupando el primer plano, haciéndose ver. En dos películas (que reflejan casos reales) estos se muestra con mayor impacto: MAR ADENTRO (el cuerpo inmóvil y postrado encierra al sujeto que tiene todo su potencial en su interior) y LA ESCAFANDRA Y LA MARIPÒSA (el cuerpo glorioso y vital se transforma en una coraza que encierra a alguien que solamente puede comunicarse con el mundo a través de los ojos).

06. El paso del bienestar al malestar es fuerte: la recuperación de la normalidad casi no se percibe. Y cuando todo retorna a la normalidad, no es la normalidad lo que percibimos, sino que en cierta manera el cuerpo “desaparece”, vuelve a su lugar, ya no nos preocupa. El oído ya no duele, la digestión se ha regularizado, el arreglo y el calmante han resuelto el problema de la muela, ya no hay jaqueca, las piernas no nos pesan; somos los que queremos ser: trabajar, amar, pasear, divertirnos, disfrutar, viajar, vivir.

07. El cuerpo, sin embargo, parece más presente en determinadas acciones y menos presente en otras. Hay un juego natural (y cargado de mediaciones culturales y simbólicas) de exhibiciones y ausencias, de aparecer y desaparecer de la escena: una buena comida, una bebida generosa o exquisita, las múltiples manifestaciones del amor y la sexualidad, momentos de relax y de atención específica del cuerpo: revisiones médicas, controles, diversas intervenciones cosméticas, un buen baño, disfrutar del sol y un buen clima. En esos momentos somos principalmente cuerpo y el cuerpo disfruta de las gratificaciones. En otras circunstancias, parece desaparecer, jugar como un compañero fiel que nos sostiene pero no quiere inoportunar: un examen delicado, una clase, un trabajo de importancia suma, un encuentro deportivo decisivo, un negocio, el ejercicio de funciones de gestión y de gobierno. Es un juego curioso que hasta sabe de simulacro y puede buscarse el momento para mostrarse y exigir: sucede, por ejemplo, en las somatizaciones posteriores de la frecuentes situaciones de tensión, de stress, de lucha intensa, de esfuerzos continuados, de fracaso.

08. El cuerpo vital es el que lo puede todo, simplemente cuando se lo ordenamos. El declinar de las fuerzas implica una progresiva disociación entre lo que queremos y lo que podemos. Y esa es la enseñanza del paso de los años. Saber leer e interpretar los signos que van apareciendo tenuemente, de manera imperceptible, y que exigen que vayamos dando lugar a esa disociación natural que ya no puede lo que podía. Solamente la verdad sobre lo que irremediablemente vivimos (o viviremos) es lo que nos permite adaptarnos al movimiento de los años.

09. El paso de la edad y el envejecimiento implican tomar conciencia – cada día mas – del propio cuerpo: allí esta para recordar siempre que existe y que se ha desgastado. Porque el paso de los años implica seguir haciendo uso del mismo cuerpo, que sufre su natural deterioro. En esa edad suelen llegar síntomas y manifestaciones que ya no desaparecerán, que nos acompañarán hasta el final. “Una persona mayor – dice Milan Kundera – o bien se resigna a ser quien es, ese lamentable resto de si misma, o no se designa. Pero, ¿qué puede hacer si no se resigna? No puede hacer otra cosa que crear, en una trabajosa ficción, todo o que ya no existe, todo lo que ha perdido” (Los amores ridículos)

10. El dolor es un pasaporte de humanidad. La máquina no es perfecta, nosotros no somos perfectos: cuando el dolor aparece, cuando el cuerpo nos da una señal y asoma, nos reconocemos más humanos, porque el sueño de sabernos omnipotentes e inmortales es una tentación que siempre nos sobreviene, especialmente cuando estamos en momentos gloriosos, envueltos en juventud, seguros. El morirnos es la factura final: el cuerpo, lo que somos, llega al final. Elige la manera o le sobreviene, pero nos comunica – a veces apenas lo balbucea muy apurado - que hasta allí llegamos y que se nos ha ido la vida.

11. Tal vez, en estos tiempos en que los cuerpos valen por lo que muestran y se muestran con el deliberado interés admiración, envidia, deseo, posesión, sea necesario recordar que nuestros cuerpos reales (no los de las fotos o de los videos o de las películas o de los histéricas exhibiciones y miradas) valen por esa capacidad de ser nuestros, de jugar de nuestro lado, de ser lo que somos, de funcionar como y cuando lo necesitamos, de nos fallarnos, de no traicionarnos. Ese cuerpo nuestro no admite cirugías ni intervenciones, porque no es cuestión de piel, sino de subjetividad, algo que mora en el interior y que desde allí se articula con lo que somos.

Enero. Hace calor. Las ideas quieren encontrar en la escritura la forma definitiva. Y mi cuerpo trata de luchar con el clima que torna pesado y difícil en trabajo. Pero es mi cuerpo y es el que me merezco, en que he construido en cada día de mi vida, con cambios que han reflejado más las fotografías, los videos y los otros que yo mismo o el espejo que me regala mi imagen cada día.

miércoles, octubre 28, 2009

165. NUEVA ANTROPOLOGIA + SEREMOS DISTINTOS

No seremos los mismos. No será el mismo cuerpo, el mismo cerebro atravesado por neuronas en constante expansión. No será igual nuestra piel, ni nuestros órganos, asistidos tecnológicamente, monitoreados por sensores internos y externos. No es difícil pensar que los signos vitales, la información necesaria para sentirnos bien pueda estar a la mano en cualquier sitio al que nos acerquemos: presión arterial, ritmo cardíaco, glucemia, excesos de grasas o sales. O estará en nuestro celular o en nuestro mp4.

No serán los mismos nuestros músculos y la fortaleza de nuestros miembros. No trabajará de la misma manera nuestra visión, ni el oído. Hasta el olfato y el gusto estarán cruzados por innovaciones. Es posible que resolvamos problemas vinculados con el calor y el frío. No seremos los mismos.

Hay un interior, sin embargo que es aun un campo de exploración y de conquista, mas allá de los protectores químicos que puedan invadirnos para resolver situaciones de ansiedad, temor, fobias, depresiones, desganas, excitación, descontrol, pulsiones. Puede que dispongamos de un multicolor botiquín con reguladores de nuestra conducta, de fármacos mediadores que puedan servirnos de colchón protector para afrontar la realidad. Por eso no seremos los mismos.

Allá, en el interior, muy profundo, habrá un yo que seguramente se resistirá a las reducciones biológicas y neurológicas y a las diversas estrategias del control. Allá estará esperando que nos hagamos cargo de nosotros mismos, de lo que en definitiva, somos.

Si cambiamos todo nuestro cuerpo, si de damos fortaleza y seguridad, si podemos resolver problema de autopercepción y nos reconciliamos con nuestra presencia y nuestro funcionamiento, tal vez debamos pensar en nosotros, en los sujetos que actuamos como referencia y posesión de todo ese entorno.

No seremos los mismos. Pero también es cierto que habrá un batallón creciente de seres humanos a quienes no les tocará ni siquiera probar algunas de las ventajas de todas estas transformaciones, y estarán condenados a los padecimientos, enfermedades, incomodidades y muertes a los que todos estamos históricamente acostumbrados.
Si el cambio de todos… ¿no seguiremos siendo los mismos?

martes, agosto 18, 2009

160. POSTULADOS DE UNA NUEVA ANTROPOLOGIA


POSTULADOS ANTROPOLÓGICOS PARA RECUPERAR EL FUTURO

• Es necesario complementar el pesimismo de la inteligencia y de la razón crítica con el optimismo de la voluntad: la descarnada comprobación fenomenológica de la realidad no debería paralizar nuestra voluntad transformadora y nuestra vocación para construir un mundo más humano.

• Es necesario interpretar este panorama antropológico como un desafío salvador: el papel de las ideas (de la filosofía, en este caso) no es sólo el de una hermenéutica de los hechos, sino de una anticipación de lo necesario, un borrador heurístico del porvenir (que también es responsabilidad del pensamiento).

• Es necesario recuperar los caminos de la interioridad y de la identidad personal, a través de una revalorización – educativa y social – del espíritu como centro de referencia. Más allá del cultivo de las apariencias, es necesario construir otro territorio: el de los auténticos valores personales, de la sustancial vida interior que presta coherencia existencial a la propia vida.

• Es necesario negociar con las demandas de la realidad, con las imposiciones civilizatorias, con las irrefutables leyes de los mercados de la globalización. Las ofertas no operan sin una demanda (y por eso las demandas o las necesidades también se construyen artificialmente): es necesario imponerse frenos, fijar condiciones, construir focos de resistencia, crear formas alternativas de vida.

• Es necesario re-significar las relaciones: si las relaciones constituyen una secreta trama que en su multiplicidad terminan definiéndome... no debería renunciar a ellas, porque en un yo fragmentado, aislado, incierto, extraño no puedo construirme... pero tampoco puedo hacerlo en el contexto de cruces funcionales de relaciones. Los verdaderos rostros del encuentro intersubjetivo permiten una revalorización antropológica del otro como posibilidad de construcción recíproca y común.

• Es necesario recrear la práctica de la solidaridad, la gratuidad del dar, la sensibilidad ante la demanda ajena: un mundo injusto y desigual puebla las distintas regiones de la macro aldea del nuevo siglo. A las ventanas de los incluidos se asoman – con rostros diversos – los ejércitos de los excluidos. No hay que esperar nada a cambio, es un gesto generoso que se abre a los otros y atiende a las situaciones de orfandad, de miseria, de desesperación, de sufrimiento, de hundimiento, de muerte anunciada... La recompensa es la posibilidad de ser: se trata de la máxima recompensa, la que nos permite constituir el yo, consolidar nuestro ser, superar la natural saturación de una sociedad opresora y alienante.

• Es necesario poner un freno personal y social a los consumos irracionales y desenfrenados que nos conducen a nuestra destrucción. Se trata de un llamado al uso de la razón para no atentar contra los que no tienen (pero también sueñan con esa misma forma de vida) y para generar el auto exterminio. La ausencia de límite concluye en la anulación de las propias demandas de conservación personal (y social).

• Es necesario crear las condiciones para la distribución equitativa de los recursos. No es una cuestión económica, sino una demanda antropológica. La humanidad ha llegado – como anunciaba Marcusse – a la edad de la abundancia... es oportuno demandar la participación de los más en el minúsculo banquete de los menos. Es verdad que se ha llegado al “fin de la historia” (Fukuyama) pero para que sea inequívoca, este fin debería ser vivido por todos como una coronación del esfuerzo humano (no como un trofeo de un equipo ganador sobre los numerosos equipos eliminados del torneo).

• Es necesario redescubrir el valor del trabajo como factor humanizante, antropológicamente constitutivo. Se trata se crear nuevas condiciones y relaciones laborales en las que el hacer refuercen el ser y acompañen su constitución y su configuración.

• Es necesario construir los lenguajes necesario para interpretar y decodificar los fenómenos de nuestro tiempo. Es la única manera de construir mensajes, de anunciar y generar tiempos nuevos, de crear condiciones humanas y humanizadoras inéditas. La palabra establece los límites del mundo, determina los ámbitos de significación: si las realidad no tienen nombre o sin con los nombres ya no designamos unívocamente las cosas, los mensajes naufragan.

• Es necesario descubrir el rostro de los interlocutores que nos rodean para leer en ellos el impacto de las palabras. La educación, la política, los medios de comunicación, los mensajes religiosos no pueden pronunciar mensajes neutros y asépticos confiados en el poder sus significados, sino que deben encontrar rostros que entienden, aceptan, disienten, ignoran, niegan o se suman a un proyecto compartido.

• Es necesario asumir el compromiso transformador que se fortalece en el encuentro dialécticos de las ideas y de la acción. Crear las condiciones para imaginar realidades distintas y predefinir los pasos para su efectiva realización.

• Es necesario fortalecer la esperanza. No se trata de ingenuidad o de ceguera, sino de un sano realismo abierto a lo posible, a un futuro distinto del que nos asumimos como constructores solidarios y responsables.- Transformar en estructuras los fragmentos, las rupturas, las incertidumbres porque esos son los materiales con que debe edificarse un porvenir cargado de humanidad.

• Es necesario aprender a resistir, como una manera de supervivencia antropológica. Se trata de un naufragio: la resistencia nos permite seguir aferrados a la tabla que nos sostiene y sentir que estamos pisando ya la playa salvadora.

159. NUEVA ANTROPOLOGIA


Los temas tradicionales de la antropología han sido sobresaltados por los cambios fundamentales que se han operado en el hombre y en su entorno. Los temas y problemas no tienen un abordaje a la mano y exigen a la filosofía de nuestros días la misma creatividad que tuvo la filosofía del pasado para afrontar los problemas de los diversos momentos de la historia. El ser humano es el mismo y no lo es, porque se han operado transformaciones que no siempre encuentran explicaciones adecuadas:

(1) Tecnologización del cuerpo: la palabra cyborg se forma a partir de las palabras inglesas Cyber(netics) + organism (organismo cibernético) y se utiliza para designar una criatura medio orgánica y medio mecánica, generalmente con la intención de mejorar las capacidades del organismo utilizando tecnología artificial. El término lo acuñaron en 1960 para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración del espacio. De acuerdo con algunas definiciones del término, la conexión física y metafísica de la humanidad con la tecnología ya ha empezado a convertirnos en cyborgs. Por ejemplo, una persona a la que se le haya implantado un marcapasos podría considerarse un cyborg, puesto que sería incapaz de sobrevivir sin ese componente mecánico.[1]

(2) Los debates actuales en torno a la identidad sexual, la construcción cultural y social del género y los cambios que puede operarse sobre los mismos.

(3) Los problemas antropológicos, éticos y morales que se generan en torno a la eutanasia y los métodos de fertilización y concepción artificial o asistida.

(4) Las cuestiones derivadas de la tecnología de los transplantes y la intervención en el cuerpo humano, sin reconocer límites ni barreras.

(5) Los ensayos y los intentos de clonar seres humanos: clonar significa obtener uno o varios individuos a partir de una célula somática o de un núcleo de otro individuo, de modo que los individuos clonados son idénticos o casi idénticos al original.

(6) El uso socialmente productivo de substancias químicas (drogas) con el fin de controlar la conducta, asegurar el rendimiento o modificar esquemas de comportamiento.

(7) Los indefinidos límites que se establecen entre la realidad y la virtualidad, entre lo tangible y las construcciones electrónicas.

(8) Las nuevas formas de las relaciones humanas y del amor, que se transforma en “relaciones o amores líquidos o funcionales”.

(9) Los condicionamientos genéticos (estudios del ADN) del desarrollo, la salud y las potenciales enfermedades del cuerpo y de ciertas conductas.

(10) Los cambios operados sobre la estética del cuerpo (para asegurar la ilusión de la eterna juventud) a través de: la cosmética, la gimnasia, la cirugía, la nueva ascética (a veces convertida en anorexia o bulimia).


[1] Algunos cuentos de Isaac Asimos y varias películas producidas a partir de los mismos desarrollan esta problemática: YO ROBOT, EL HOMBRE BICENTEARIO.

158. NUEVOS CUERPOS + ¿NUEVOS HOMBRES?


El cuerpo es el lugar de una multitud intervenciones tecnológicas en donde lo natural (orgánico), deja su lugar a lo post orgánico.

• Cuerpos operados: por razones de salud (extirpar, arreglar, suturar), eugenesia (cesáreas) y operaciones relacionadas con alteración de la reproducción.

• Cuerpos alterados mediante operaciones: diversos tipos de cirugías estéticas, con el uso de verbos muy curiosos: poner, sacar, estirar, sustituir, mejorar, acondicionar, achicar, agrandar, etc. No intervienen sólo los cirujanos plásticos, sino un ejército invasor: odontólogos, oftalmólogos, dermatólogos y otros, con el séquito de sus auxiliares técnicos y equipamiento tecnológico.

• Cuerpos modelados a través de diversos tipos de gimnasias, con la presencia de los especialistas y los medios tecnológicos.

• Cuerpos arreglados y formateados mediante diversos aportes cosméticos (industria) y sus especialistas: estilistas, cosmiatras, cosmetólogos (eventualmente la presencia de dermatólogos). Los peluqueros estilistas ocupan un curioso lugar de privilegio en este escenario ya que combinan varias de las funciones enunciadas (asociadas al vínculo que suelen establecer con los usuarios).

• Cuerpos disciplinados mediante diversos tipos de dietas y gimnasias. Diversos tipos de ortopedias (en diversos lugares del cuerpo).

• Cuerpos violentados a través de privaciones o agresiones: bulimia /anorexia.

• Cuerpos tentados permanentemente por el disfrute de todos los placeres

• Cuerpos divididos por la estrategia de la erótica que juega con la exhibición y la mirada, la histeria y el deseo, la promesa y la negativa, la invitación y la postergación.

• Cuerpos asociados a un interior invadido con químicos regulados o experimentales: antidepresivos, energizantes (psico-somáticos), de rendimiento sexual o de ampliación de la posibilidad de gozo, mecanismos regulatorios del estado de ánimo y de la autoestima, chalecos químicos para amortiguar las conductas.

Se trata – en suma – de un tuning antropológico, un tuneado de nuestro propio cuerpo para pasarlo del original de fábrica y el desgaste propio del uso y de los años a un formato original y deseado, dejándolo como si fuera nuevo y deseable, eterno objeto de admiración. No siempre es posible. Y es muy caro.

Los interrogantes que sobrevuelan, al concluir la lectura, invaden el territorio de la educación: ¿de qué debe ocuparse la educación de nuestros días? ¿Cuáles son sus retos y sus desafíos? ¿Cómo puede acompañar este casi descontrolado desarrollo tecnológico que privilegia la vida de algunos y que condena a la desprotección al resto? ¿Cómo incorporar todas estas problemáticas en el desarrollo curricular, sin descuidar las funciones específicas? ¿Cómo hacerse cargo del cuerpo que tenemos (orgánico) y ese desarrollo post orgánico que nos aguarda?

BENEDETTI: CONFIDENCIAL

Fueron jóvenes los viejos
pero la vida se ha ido
desgranando en el espejo
y serán viejos los jóvenes
pero no lo divulguemos
que hasta las paredes oyen.

VER = El hombre máquina.
Revista Ñ. 15.08.09

viernes, julio 17, 2009

156. ROTH + ANIMAL MORIBUNDO


El hombre que envejece es también un animal moribundo, alguien que sabe con certeza que está más cercano de la muerte, pero que no quiere renunciar a todos los llamados de la vida que golpea con la misma fuerza, la misma pasión de siempre. Hay como una lucha interior entre el hombre que fue y el hombre que es, entre las fuerzas de siempre y el declinar de las posibilidades. Es un juego maravilloso al que sólo algunos se atreven. PHILIP ROTH a través de las confesiones del profesor que ha quedado definitivamente enamorado de la joven alumna CONSUELO y de un historia mínima, su micro-historia se permite desarrollar una serie de temas y problemas propios de la antropología de nuestros días, tiempo en que caen las certezas y se vuelven líquidas las convicciones.

TITULO = “¿No fue Yeats quien lo dijo? «Con-sume mi corazón; enfermo de deseo / Y atado a un animal moribundo / No sabe lo que es.» Yeats. Sí. «Prendido en esa música sensual», y así sucesivamente.” (PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)


RELACIONES LIQUIDAS = “Elena es oftalmóloga, ¿sabes? Ascendió desde el fondo de la clase obrera gracias a una perseverancia inmensa. «La vida te desconcierta», me dijo, «te conviertes en una persona que se protege mucho a sí misma y te dices: "A hacer puñetas". Es una pena, pero pierdes los ánimos. Algunos de esos hombres son más atractivos que la media. Educados. La mayoría de ellos se ganan bien la vida, pero nunca me atraen. ¿Por qué resultan tan aburridos? Tal vez me aburran porque yo soy aburrida». Y siguió contándome: «Los tipos van a buscarte en buenos coches. BMW, por ejemplo. Música clásica durante el trayecto. Te llevan a restaurantes pequeños y agradables, y yo me paso la mayor parte del tiempo ahí sentada, pensando: "Por favor, Señor, tengo ganas de irme a casa". Quiero hijos, quiero una familia, quiero un hogar, pero aunque tengo los recursos emocionales y físicos necesarios para pasarme seis, siete u ocho horas en pie en la sala de operaciones, ya no los tengo para esta humillación. Por lo me nos, algunos de ellos me encuentran impresionante». «¿Por qué no habrían de hacerlo? Eres especialista de la retina. Eres cirujano ocular. Evitas que la gente se quede ciega.» «Lo sé. Me refiero a ser rechazada de plano», replicó ella. «No estoy hecha para eso.» «Nadie lo está», le dije, pero eso no pareció ayudarla. «Lo he intentado razonablemente», me dijo, un poco llorosa, «¿no es cierto, David? Diecinueve citas». «Dios mío, incluso más que razonablemente», respondí.” (PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)

AMOR Y JUEGOS DE PODERES = “Verás, creo que Consuelo percibió en mí una versión, a la que ella podía poseer, del refinamiento de su familia, de ese pasado aristocrático irrecuperable que es más o menos mítico para ella. Un hombre de mundo. Una autoridad del mundo cultural. Su profesor. Es cierto que a la mayoría de la gente le horroriza la diferencia de edad, pero eso es precisamente lo que atrae a Consuelo. La rareza erótica es lo único que denota la mayoría de la gente, y lo denotan como repugnancia, como una farsa repugnante. Pero mi edad tiene una gran importancia para Consuelo. Estas muchachas no se relacionan con viejos caballeros a pesar de la edad, sino que se sienten atraídas por la edad, lo hacen precisamente por la edad. ¿Por qué? En el caso de Consuelo, creo que se debe a que la gran diferencia de edad le permite someterse. Mi edad y mi categoría le proporcionan, racionalmente, autorización para entregarse, y la en-trega en la cama no es una sensación desagradable. Pero, al mismo tiempo, la entrega íntima a un hombre mucho mayor aporta a esta clase de joven un tipo de autoridad que no puede tener en una relación sexual con un hombre más joven. Obtiene los placeres de la sumisión y los placeres del dominio. Que un muchacho se someta a su poder... ¿qué significa eso para una criatura tan patentemente deseable? Pero ¿que este hombre de mundo se someta tan sólo por la fuerza de su juventud y su belleza? Haber logrado el interés total, haberse convertido en la pasión devoradora de un hombre inasequible en todos los demás campos, tener acceso a una clase de vida que ella admira y que de otra manera le habría estado vedada... eso es poder, y es el poder lo que ella quiere. No es que el dominio pase consecutivamente de unas manos a otras, sino que el cambio se produce de un modo continuo, no es tanto un cambio como un entrelazamiento. Y ahí se encuentra el origen no sólo de mi obsesión por ella sino de la obsesión que ella experimenta por mí. O así lo supuse al principio, aunque de poco me sirvió el intento de comprender lo que ella se proponía y por qué me enredaba cada vez más en aquella relación.” (PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)

PASO DEL TIEMPO Y VEJEZ = ¿Puedes imaginar la vejez? Claro que no. Yo no lo hice, no pude hacerlo, no tenía idea de cómo era. Ni siquiera una falsa imagen: ninguna imagen. Nadie quiere que sea de otra manera. Nadie quiere enfrentarse a nada de esto antes de que deba hacerlo. ¿Cómo van a salir las cosas? Es comprensible que cualquier etapa de la vida más avanzada que aquella en la que uno se encuentra sea inimaginable.


En ocasiones estás en la mitad de la etapa siguiente antes de percatarte de que has entrado en ella. Y, además, las etapas anteriores de la progresión ofrecen sus compensaciones. E incluso así, la zona del medio intimida a mucha gente. Pero ¿y el final? No deja de resultar interesante que sea la primera vez en toda tu vida en que te hallas totalmente fuera mientras estás dentro. Al tiempo que observas continuamente tu decadencia (si eres tan afortunado como yo), en virtud de una vitalidad que no remite te encuentras a considerable distancia de la decadencia, incluso te sientes airosamente al margen de ella. Es inevitable, desde luego, que haya una multiplicación de las señales que conducen a la desagradable conclusión, y no obstante, a pesar de ello, permaneces al margen. Y la fiereza de la objetividad es brutal. Es preciso distinguir entre el morir y la muerte. Si uno está sano y se encuentra bien, el morir es invisible. El fin que es una certidumbre no se anuncia necesariamente de un modo llamativo. No, no puedes entenderlo. Lo único que entiendes acerca de los viejos cuando no eres viejo es que su época los ha marcado. Pero entender sólo eso no hace más que inmovilizarlos en su tiempo, y por ello equivale a no entender en absoluto. Para quienes todavía no son viejos, ser viejo significa que has sido. Pero ser viejo también significa que, a pesar de haber sido, además de haber sido y aunque hayas sido en exceso, sigues siendo. Lo que has sido está muy vivo. Todavía eres, y te obsesiona tanto el ser todavía y su plenitud como el ya haber sido, lo pretérito. Considera la vejez de este modo: que tu vida esté en juego es un hecho cotidiano. Uno no puede eludir el conocimiento de lo que le aguarda dentro de poco. El silencio que le rodeará para siempre. Por lo demás, todo es lo mismo. Por lo demás, uno es inmortal mientras vive. “

“Hasta no hace muchos años existía una manera preconcebida de ser viejo, como existía una manera preconcebida de ser joven. Ya no prevalece ni una ni otra. Ha tenido lugar una gran lucha por lo permisible y se ha dado un gran vuelco. De todos modos, ¿debería un hombre de setenta años involucrarse en el aspecto carnal de la comedia humana? ¿Ser un hombre mayor que rechaza sin disculparse la vida monástica, todavía susceptible de excitarse humanamente? No es ésa la condición simbolizada en otro tiempo por la pipa y la mecedora. Tal vez todavía ofende un poco a la gente quien no se rige por el viejo reloj de la vida. Comprendo que no puedo contar con la consideración virtuosa de otros adultos. Pero ¿qué puedo hacer ante el hecho de que, por lo que puedo decir, no hay nada, absolutamente nada que se apacigüe, por muy viejo que sea uno? “(PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)

MORALIDAD: “Por cierto, la moralidad de Consuelo era incongruente. Recuerdo que por entonces George O'Hearn, el poeta, un hombre casado con la misma mujer durante toda su vida, tenía una amiga en el barrio de Consuelo, y él se encontraba allí, en el centro de la ciudad, desayunando con su amiga en una cafetería, y Consuelo, al verle allí, se enfadó. Le reconoció por la foto de la contraportada de un nuevo libro suyo que entonces estaba sobre la mesilla de noche al lado de mi cama, y sabía que yo le conocía. Aquella noche vino a verme. «He visto a tu amigo. A las ocho de la mañana estaba con una chica en un restaurante, besándola... y está casado.» Para esta clase de cosas era de una trivialidad predecible, mientras que actuaba con independencia de las convenciones en su relación con un hombre treinta y ocho años mayor que ella... Como no podía ser de otra manera, en el fondo estaba insegura de sí misma y, en ocasiones, se sentía fuera de lugar; no obstante, le estaba sucediendo algo especial, algo grande, sucedáneo, imprevisto, que halagaba su vanidad y alimentaba su confianza y, por excitante que fuese, no parecía trastornarla (como me sucedía a mí).” (PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)


SUMERGIDOS EN EL TIEMPO: “El paso del tiempo. Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos. Esta nadería convertida en un gran acontecimiento, mientras Consuelo está aquí y padece el mayor acontecimiento de su vida. El Gran Final, aunque nadie sabe el final de qué, si es algo, y desde luego nadie sabe qué es lo que comienza. Es una alocada celebración de nadie sabe qué. Sólo Consuelo lo sabe, porque ahora Consuelo conoce la herida de la edad. Envejecer es inimaginable excepto para quien envejece, pero esto ya no es así para Consuelo. Ella no mide ya el tiempo como los jóvenes, mirando atrás, al punto de partida. El tiempo para los jóvenes siempre está constituido por lo pasado, pero en el caso de Consuelo el tiempo es ahora el futuro que le queda, y ella no cree tener ninguno. Ahora mide el tiempo contando hacia delante, contando el tiempo por la proximidad de la muerte. La ilusión se ha roto, la ilusión metronómica, el pensamiento consola-dor de que, tictac, todo sucede a su debido tiempo. Su sentido del tiempo es ahora el mismo que yo tengo, acelerado e incluso más desesperanzado que el mío. De hecho, se me ha adelantado. Porque yo aún puedo decirme: «No voy a morir durante cinco años, tal vez diez años. Estoy en forma, me siento bien, incluso podría vivir veinte más», mientras que ella...

El cuento de hadas más encantador de la infancia es el de que todo sucede en orden. Tus abuelos se van mucho antes que tus pa-dres y éstos mucho antes que tú. Si tienes suerte, las cosas pueden salirte así, la gente envejeciendo y muriendo en orden, de modo que en el funeral mitigas tu dolor pensando que esa persona ha tenido una larga vida. Ese pensamiento no hace que la extinción sea menos monstruosa, pero es el truco que empleamos para conservar intacta la ilusión metronómica y tener a raya la tortura del tiempo: «Fulano ha tenido una larga vida». Pero Consuelo no ha sido afortunada y por ello se sienta a mi lado, condenada a muerte, mientras el jolgorio que dura toda la noche se despliega en la pantalla, una histeria infantil manufacturada que pretende hacer frente al futuro ilimitado de una manera que los adultos maduros, con su melancólico conocimiento de que tienen un futuro muy limitado, no pueden secundar. Y en esta noche demencial nadie puede tener un saber más melancólico que el suyo.” (PHILIP ROTH: EL ANIMAL MORIBUNDO)



miércoles, junio 10, 2009

149. LA MUERTE QUE SE ASUME


Mi padre no fue un gran hombre, pero supo despedirse antes de partir. El domingo a las cinco de la mañana me desperté y no pude volver a dormir por un largo rato. Era una hora silenciosa y quieta. De marea en baja Entonces supe que, en la sala de terapia intensiva del hospital, él estaba muriendo. Que me despertaba suavemente, como cuando en las mañanas frías del colegio se acercaba a mi cama, me tocaba suavemente el hombro y me decía, en un susurro, ``Pichu...arriba´´. Y que esta vez lo hacía para despedirse.

En mi cama, en la oscuridad, no luché contra el insomnio, simplemente me despedí de él, le deseé buen viaje, le agradecí lo que tenía que agradecerle y le hice saber que, por mi parte, no había cuentas pendientes entre nosotros. Ninguna. Me dormí nuevamente a las siete y el teléfono sonó a las ocho para pedirnos que fuéramos con urgencia al hospital. Entonces le dije a Marilen: ``Mi Viejo murió hoy a las cinco y media, es eso lo que nos van a informar´´. Un par de horas después, nos entregaron un certificado de defunción que decía: ``hora del fallecimiento: 5:30´´.

Mi padre no fue un gran hombre, pero enfrentó a la muerte entero y vivo. Peleó con sabiduría, conocedor de que la batalla sería posible mientras hubiera equivalencia. Cuando sintió que ya estaba, que había hecho lo suyo, que las reglas de juego habían dejado de ser parejas, dijo basta. No lo dijo como un derrotado. Había comido una porción de las grandes (como a él le gustaban) de la vida; su último año y medio había sido de placer, de reivindicación y de buena vida. Entonces decidió que estaba a punto y murió. En su muerte, fue un modelo. Y no es poca cosa. Mi padre no fue un gran hombre. Pero murió como un señor.

Sin degradarse sin deterioro, sin corromperse, como una persona íntegra y consciente. No huyo, no tuvo miedo, llego vivo a su muerte. Y cuando lo vimos, antes de ocupar su cajón, su rostro era plácido, pacífico, como quienJustificar a ambos ladossueña sueños íntimos y felices o como quien observa deslumbrado algo que lo hará feliz pero de lo que no quiere hablar. Era, en ese momento y en ese lugar, en la morgue del hospital, nada menos, un viejo hermoso y sereno. Así nos despidió Soltándose, soltándonos.

SERGIO SINAY (2008) SER PADRE ES COSA DE HOMBRES

lunes, junio 08, 2009

147. EL CUERPO


EL CUERPO, NUESTRO CUERPO, MI CUERPO

• Aunque cuesta creerlo y aceptarlo, tenemos el cuerpo que merecemos. El cuerpo es el reflejo de la vida que vivimos o hemos vivido. También por eso los cuerpos no son iguales y en cada caso exhiben estructuras y manifestaciones distintas: la individuación no se produce sólo en el origen, en el punto de partida, sino que se va consolidando a lo largo de nuestras vidas.

• El re-encontrarnos con los otros - después de mucho tiempo - re-unirnos con quienes hemos perdido en los laberintos de la vida, implica volver a ver a quienes exhiben lo que son y lo que han sido, la historia que han vivido, en sus propios cuerpos. Y mostrarnos nosotros frente a ellos. Somos lo que fuimos, pero también somos lo que el tiempo ha dejado impreso en nosotros, en aquello que se expone a primera vista: nuestro cuerpo.

• Tenemos la cara, el rostro, la voz que nos merecemos: somos responsables de todo eso, una responsabilidad que puede ser directa o indirecta, pero de la que formamos parte. La forma de sonreír, de darle forma a las respuestas, de afrontar las miradas o las palabras son frutos de lo que hemos decidido.

• Somos también los rastros de los que han sido antes que nosotros, la herencia de nuestros antepasados: nuestros padres moran en nuestra forma de ser, de movernos, de comunicarnos. El tiempo nos asimila a nuestro pasado: aunque corremos hacia el futuro, avanzamos también hacia el pasado y nos recuperamos como una síntesis dialéctica de lo que fuimos (de donde venimos) y lo que decidimos ser (el por-venir)

• Somos el cuerpo que tenemos. No es un cuerpo al que hemos sido condenado, como un portador extraño: es el cuerpo que nos permite ser lo que somos. Nuestras manos, nuestros labios, nuestros ojos, nuestras piernas son lo que somos. Las manos tienen los rastros de nuestras acciones, las piernas los territorios que hemos recorrido, en la piel y en los músculos han quedado aprisionado lo que vivimos.

• El cuerpo no sólo nos deja ser, no sólo nos encierra: somos él. En nuestro cuerpo están los pliegues de nuestra historia. Y basta contemplar los cuerpos, su presencia, su impúdica desnudez, para que des-cubrirnos ante los ojos de los otros y ante nuestra mirada oblicua. El cuerpo no admite engaños. Somos nuestras operaciones, nuestras cicatrices, nuestras quemaduras, nuestros hematomas, nuestras quebraduras. Somos nuestras huellas digitales, nuestras arrugas, nuestros kilos de más o de menos. Somos los dolores que ya no desaparecerán, o los dolores que ya se han ido. Los sufrimientos que han dejado sus heridas, sus cicatrices, los rictus en el rostro, los tics que no podemos controlar, los movimientos involuntarios.

• Somos el cuerpo que toma la iniciativa, el cuerpo dócil que nos obedece, pero también somos el cuerpo que se nos resiste, que ya no nos responde, que dice basta. Somos el cuerpo cargado de deseos y el otro, el que está atiborrado de hastío. Somos el cuerpo activo que hace, habla, gesticula, corre, se divierte, goza. Somos el cuerpo lleno de vida y el que se aproxima peligrosamente la muerte.

• A veces nuestro cuerpo es un barco que ha soportado todos las travesías, afrontado todas las tormentas, vencido la furia del mar y el desgaste del viento o del sol… y que necesita una bahía generosa (Benedetti) en donde reponerse, reencontrarse, tomar fuerza, afianzarse. Cuerpo cansado que llega al final de la jornada con las últimas fuerzas y que asume el descanso como estas playas a las que llega el náufrago fatigado que ha logrado sobrevivir a todas las dificultades.

• Somos – a veces - el cuerpo que se deja hacer, que se entrega: al dentista, al dermatólogo, al kinesiólogo, al que rasura o arregla el cabello, especialmente al médico que revisa, hurga, palpa, hunde sus dedos, pasa sus manos, nos da órdenes, anota, aplica aparatos, escucha, busca señales, nos desnuda, nos ordena, nos pide obediencia, nos mide, nos pesa, critica nuestro estilo de vida, ordena los alimentos, los rituales, los movimientos; y también nos anestesia, abre nuestro cuerpo, extrae, compone, sutura, extirpa, cura. El cuerpo es el que revela su interior nouménico en una radiografía, en una ecografía, en una tomografía, en un centellograma, en una endoscopía.

• El cuerpo es el que – presuroso - nos restituye y nos factura la cuota de nuestros excesos y el que se nos revela y nos entrega una enfermedad que no buscamos, una patología que no sabíamos que teníamos, un final que se dispara sólo con algunos meses de anticipación. El cuerpo es la dureza de los músculos o la flaccidez del tejido adiposo, los nervios que se tensan y la entrega generosa del placer compartido. El cuerpo son sus olores primitivos y los baños y las cremas y los perfumes y los cuidados.

• El cuerpo es el que nos avisa que los años van transcurriendo y que la edad no pasa en vano: el oído ya no llega hasta el fondo del salón, la vista se acorta para ver de lejos y se aleja para ver de cerca, no resulta fácil subir las escaleras y respirar sin agitarnos, los controles médicos nos llenan de advertencia… y no importa que nuestro interior esté lleno de vida, cuando el interior dialoga con el cuerpo, éste le recuerda que no puede, que no debe, que no quiere. Hay una lucha entre los años que avanzan y un interior que resiste. Algo que expresa con mucha claridad PHILIPS ROTH en EL ANIMAL MORIBUNDO (Alfaguara. 2002): “Para quienes todavía no son viejos, ser viejo significa que ya has sido. Pero ser viejo también significa que, a pesar de haber sido, además de haber sido y aunque hayas sido en exceso, sigues siendo. Lo que has sido está muy vivo. Todavía eres, te obsesiona tanto el ser todavía y su plenitud como el ya haber sido, lo pretérito. Considera la vejez de este modo: que tu vida esté en juego es un hecho cotidiano. Uno no puede eludir el conocimiento de lo que le aguarda dentro de poco. El silencio que le rodeará para siempre. Por lo demás, todo es lo mismo. Por lo demás, uno es inmortal mientras vive”.

• El cuerpo – en suma – nos sobrevivirá por breve tiempo, con obscena mezquindad cuando nos hayamos ido y aparezca allí inmóvil, extraño, imperturbable para quienes vengan a despedir lo que fuimos, pero lo que ya no somos.

miércoles, abril 29, 2009

145. EL CONOCIMIENTO Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS


(1) El proceso del conocimiento, la co-relación sujeto – objeto está mediada, en nuestro tiempo, por una serie de elementos tecnológicos que nos ayudan a percibir o se interponen en nuestra percepción: aumentan la capacidad de la visión (precisión, distancia, claridad, distinción) o del oído (volumen, presencia o ausencia, modulación, etc.). Pero al mismo tiempo esos mismos objetos tecnológicos se ponen en el medio, ponen una barrera entre nosotros (como sujetos) y los objetos. Los medios de comunicación, por ejemplo, son medios de conocimiento o – también – medios que alteran o tergiversan nuestra capacidad de conocer. Vemos, escuchamos, pensamos, opinamos lo que los medios nos dicen, nos muestran, ponen en nuestras pantallas o en nuestros oídos. Los acontecimientos sociales son una prueba al respecto: nunca podemos saber si lo sucedido es tal como se nos muestra: una protesta, una manifestación, una intervención violenta, una revolución o una guerra. Los medios nos regalan la “síntesis categorial” que construye el objeto, pero frecuentemente se trata de una síntesis que responde a intereses, ideologías o miradas que nunca son objetivas.

(2) De alguna manera, solamente con una función crítica puedo “saltar el medio” y llegar al objeto y no quedar preso – por comodidad o ignorancia – del medio mismo, que termina por crear, construir el objeto. Frecuentemente la noticia, el tema, el problema es una producción de los medios, que instalan una situación, la desarrollan durante un tiempo y, luego, deciden abandonarla, sustituyéndola por otras. Pero a los espectadores y oyentes les crea la sensación (transformada en certeza) de que algo es verdadero si los medios lo producen, lo exhiben, lo desarrollan. Así, por ejemplo: una denuncia de corrupción, un caso de violación, los detalles de un accidente, los numerosos casos de inseguridad, la confianza o el desprestigio de un gobierno, etc.

(3) Hay una nueva subjetividad instalada especialmente en las nuevas generaciones, que le otorga un valor de certeza y verdad, a la opinión, porque se la considera la “verdad personal”, la propia certeza. No se trata de buscar “verdades”, sino de avanzar por la vida defendiendo las propias opiniones.

(4) Pareciera que los medios que tenemos a nuestro alcance que multiplican nuestro acceso a la información nos obligan a permanecer en los fenómenos y a olvidar al noùmeno, es decir, renunciar a la posibilidad de profundizar la información para convertirla en conocimiento: debe ser lo que dicen, lo que muestran, lo que aparece.

(5) La crisis del lenguaje, el escaso manejo de vocablos y de síntesis, nos deja sin mundos, porque los objetos no pueden ser designados. Todo conocimiento implica incorporar lo conocido, darle una entidad a través de la palabra. Sin las palabras el mundo es más pobre y más limitado. Y esta civilización de las imágenes y los sonidos es una civilización huérfana de palabras.

(6) Abundan los recursos para registrar los objetos del conocimiento, los sustitutos tecnológicos de la memoria (grabadores, filmadoras, máquinas de fotos, celulares, archivos de imágenes, de voz, de música, de información), pero decrecen nuestras capacidades subjetivas para archivar en nosotros mismos, procesar y sistematizar ese aluvión de información. El ejemplo más típico son los viajes: frecuentemente se regresa con una multitud de registros y pocas vivencias de los lugares visitados.

(7) Los nuevos hábitos sociales tecnológicos nos permiten disponer de los archivos personales colgados en la red virtual, accesibles a todos los usuarios con la posibilidad de conocer al otro, su entorno, su familia, sus afectos, su vida, sus viajes…como si fuera alguien que con-vive con nosotros, aunque sea alguien a quien jamás llegaremos a conocer realmente. En este sentido los conocimientos y las relaciones inter-interpersonales virtuales parecen crear en nosotros la certeza de un conocimiento que es una construcción subjetiva y no objetiva.

(8) Frente la unívoca relación sujeto – objeto que presentamos como la relación típica en el conocimiento, las nuevas tecnologías han instalado relaciones multívocas (un sujeto con numerosos objetos), es decir: la capacidad del conocimiento en paralelo: especialmente las jóvenes generaciones pueden leer un texto, escuchar música en un mp3, chatear con varios amigos, mandar mensajes por el celular, y vigilar el trabajo de la computadora que baja algún programa o alguna película.

(9) Es muy probable que toda esta riqueza de medios tecnológicos maravillosos necesite – como en su momento la irrupción del libro impreso en la cultura – la intervención de una institución (como la escuela en el siglo XVI) que ayude a usar, procesar, darle curso a tanta creatividad y abundancia para no quedar náufragos y a la deriva, nuevos “quijotes”, que de tanta tecnología subjetivada terminemos perdiendo la razón, aunque sin darnos cuenta.