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viernes, febrero 15, 2008

059. FILOSOFIA CURIOSA

Es sabido que los filósofos se casan menos que los miembros de otros gremios. En efecto, abundan entre ellos los solterones: Platón, Plotino, Descartes, Pascal, Spinoza, Locke, Leibniz, Voltaire, Kant, Schopenhauer, Kierkegaard, Wittgenstein... Otros, como Aristóteles, Maimónides, Thomas More o Hannah Arendt, se casaron dos veces. Y Lévi-Strauss, tres. Y Bertrand Russell le sacó libro a sus cuatro matrimonios.
La filosofía es una carrera, aunque no la del filósofo Francis Bacon que además fue diputado, sir, fiscal, juez, ministro de Justicia, gran canciller y conde. Los filósofos suelen ser varones (99%) y comunicar su saber mediante libros (98%), escritos en la lengua predominante (91%), mientras están solteros (70%). El filósofo es, por otra parte, mayormente huérfano: 69% de los No hubo nadie más consensual que Leibniz: “Ecléctico, conciliador, diplomático”. También fue el más precoz –17 años– y el más inventivo: innovó en filosofía, creó en matemáticas –fue el “más matemático”, con Descartes y Pascal–, construyó máquinas... Y prolífico: dejó 200.000 páginas manuscritas –incluidas 16.000 cartas– en la biblioteca de Hannover. Claro que Voltaire legó a 18.000 cartas. Y Husserl, con treinta volúmenes editados, guardaba 45.000 páginas en casa.
Si “el más poderoso, desde un punto de vista político”, fue Marco Aurelio (emperador de 161 a 180) o Petrus Hispanus (papa Juan XXI, de 1276 a 1277), el más temido habría sido Bernard de Clairvaux, padre del Císter (1090-1153). Parece que tenía fácil el dedo de señalar herejes. En cambio, Giordano Bruno sufrió ocho años de cárcel, tortura y a la pira en 1600. (Anáxagoras, 20 siglos atrás, inauguró la nómina de condenados por impíos).
Montaigne es “el más plagiario”, Pico de la Mirandola podía copiar en toscano, latín, griego, árabe, hebreo y arameo. Pero el gran políglota fue Spinoza: hablaba portugués, castellano, hebreo, holandés, latín, francés e italiano.
John Stuart Mill fue el filósofo más feminista (“para su época”); el más distinguido en vida, Bergson: Academia de Ciencias y Academia de Francia, primer filósofo premio Nobel (literatura), Epicteto, esclavo liberto. Y si Marx fue el más pobre, junto con Diógenes.Pascal fue “el más enfermo: migraña, dolor de estómago, parálisis, neurosis de abandono, melancolía, fobia del vacío...”.Séneca, con sus 400 millones de sestercios, fue el mas rico.
La primera filósofa fue la mujer de Pitágoras (500 a.C.); el primer agnóstico, el sofista Protágoras; el primer anarquista William Godwin (1793); el primer autor de un libro, Anaximandro (547 a.C.); el primer líder de una escuela, Pitágoras (532 a.C.);Primer existencialista? Kierkegaard. Y Montesquieu, primer francmasón. Pionero del idealismo, Parménides (456 a.C.). Con espléndida zambullida en el Etna (c. 435 a.C.), Empédocles se transformó en el primer filósofo suicida.
Pierre Riffard Les philosophes: vie intime. La vida íntima de los Filósofos. Síntesis de Oscar Caballero. La Vanguardia. 2004

viernes, enero 11, 2008

052. FILOSOFIA EN LA NOVELA DE SKARMETA

Es curioso cómo SKARMETA en su novela EL BAILE DE LA VICTORIA se las ingenia para introducir temas clásicos de la filosofia en el diálogo entre dos personajes comunes, hasta vulgares, ajenos a todo círculo académico, pero a quienes le brotan los "saberes escolares"convertidos en diálogos posibles, verosímiles.
"- ¡Dios no puede pensar!
- ¡Te volaste, loca! Dios es todopoderoso y si es todopoderoso puede pensar.(...)
- Si Dios pensara, tendría que ser Dios y el pensamiento de Dios a la vez, y eso no puede ser porque Dios es único, eterno, infinito e indivisible. Lo único que podría hacer Dios es pensarse a sí mismo.
- ¿Para qué Dios haría semejante cuestión?
- ¡Es que tienes que ponerte en un plano mas sutil, Angel! No puede tratar a Dios como si fuera un leñador. Dios es el concepto de Dios y en el concepto de Dios éste es único e indivisible.
- ¿Quien dijo esto?
- Los filósofos presocráticos. (...)
- Lo mejor es que imagines que todo es Dios. Es decir, las estrellas, los vientos, los mares, las personas, las montañas, los ríos, los árboles, los animales...
- ¿El rucio, mi caballo, es Dios?
- Si tú eres un panteísta, entonces crees que todo el universo es Dios. Si haces daño a alguien, entonces dañas a Dios.
- Pero Dios perdona a toda la gente. Aun a los que hacen daño.
- Seguro que no. Al cabrón que degolló a mi padre no lo va a perdonar. (...)
- ¿Te tocan preguntas de filosofía en el examen? ¿Que es la filosofía?
- En vez de dejar que las cosas sean como son, pensar en qué son las cosas. Solamente el hombre es capaz de hacer eso. Toma por ejemplo el río. El río ni siquiera sabe que es río y hace su trabajo de río.
- Fluye. (...)
- ¿Y en qué piensas cuando estás a su orilla?
- En nada. Me quedo ahí no mas, en la orilla.
- ¿No se te ocurre pensar qué sentido tiene que el río fluya?
- Francamente no.
- Está claro que no eres un filósofo. Los filósofos observan el Ser, y piensa sobre el Ser, y después inventan ideas que explican por qué las cosas son como son. Heráclito, por ejemplo.
- No sé lo que es el Ser.
- Bueno, pero te tiene que haber llamado alguna vez la atención que todo sea.
- No podría ser de otra manera.
- Dices eso porque no piensas.
- No te entiendo.
- Cierra los ojos e imagínate por una vez que no hay Ser. Es decir, que no hay nada de nada.
- Puedo imaginarme que no hay nada de nada, pero si estoy pensando que no hay nada de nada, entonces yo soy, porque para pensar que no hay nada de nada alguien tiene que pensarlo.
- Bueno, eso piensan algunos filósofos. Imagínate ahora que el hombre no existiese. ¿Habría mundo?
- Por supuesto que sí! (...)
- ¿Para quién?
- Para todas las cosas que son. Aunque no existieran hombres, habría río y mar y nubes y cielo y caballos y pájaros.
- Pero las cosas son sólo lo que son. Son en sí mismas. No saben que son. Sólo el hombre sabe que el Ser tiene ser. Es fantástico, ¿me comprendes? (...)
- Quisiera hacerte una pregunta, Victoria. ¿Que somos nosotros? (...)
- ¿Es una pregunta de filosofia en el sentido de que somos en el ser? Por ejemplo, ¿manifestaciones del ser?¿Apariencias del ser? (...)
- ¿Que relación existe entre nosotros, Victoria?
- Tu yo estamos juntos". (SKARMETA, 2004: 153 - 160)

miércoles, octubre 24, 2007

019. BREVE CURSO DE FILOSOFIA

1.1. La Filosofia como experiencia y como construcción.
1.2. La filosofia y la humana capacidad de pensar.
1.3. Autores, temas y problemas de la filosofia.
1.4. La filosofia y el rigor del pensamiento.
1.5. Pensamiento lógico y pensamiento crítico.
1.6. La filosofia en nuestros días, la filosofia necesaria

PENSAMIENTO Y FILOSOFIA: OTROS TEXTOS

2.1. El origen de la filosofia y el pensamiento antiguo
2.2. El problema del mundo y del ser. filosofia y problemas
2.3. El obrar moral
2.4. La filosofia como saber fundante y universal.
2.5. Filosofia griega: grandes temas y los referentes esenciales

TEXTOS DE LA FILOSOFIA ANTIGUA

3.1. Caracteres de la filosofia medieval
3.2. problema de Dios en el contexto del pensamiento cristiano.
3.3. Filosofia medieval: DOS MOMENTOS
3.4. La articulación de la razón y la fe.
3.5. Filosofia, teología y religión.

TEXTOS DE LA FILOSOFIA MEDIEVAL

4.1. caracteres de la modernidad
4.2. Modernidad y el siglo de las luces
4.3. El hombre y el conocimiento. filosofia y ciencia
4.4. nombres de la razon. transformación de la realidad.
4.5. Nuevos fundamentos de la moral.
4.6. fe en el progreso, optimismo y secularizacion

TEXTOS DE LA FILOSOFIA MODERNA

5.1. Caracteres de la filosofia contemporánea
5.2. centralidad del tema antropológico.
5.3. Modernidad y postmodernidad.
5.4. Etica y axiología
5.5. Textos y contextos de nuestros días.

TEXTOS DE LA FILOSOFIA CONTEMPORÁNEA


NORO JORGE EDUARDO

lunes, octubre 22, 2007

017. ALGUNOS INTERROGANTES PARA ENCONTRAR LA FILOSOFIA

01. ¿Todos los hombres tienen desarrollada la capacidad de pensar?
02. ¿De qué se ocupa la filosofía? ¿Para qué sirve o no sirve para nada?
03. Los que no piensan, ¿no son más felices?
04. Si el nombre no aprende a pensar; ¿se subordina a lo que piensan los otros y se vuelve un esclavo?
05. ¿Qué es la verdad? ¿Cómo sabemos que algo es verdadero?
06. ¿Hay alguna relación entre la filosofía y la religión?
07. Dios, ¿existe? ¿Cómo puedo probar su existencia?
08. ¿Qué es más fácil de probar: el ser o la nada? ¿Por qué?
09. ¿Cómo se determina lo que está bien y lo que está mal?
10. ¿Qué es la vida y qué es la muerte?
11. ¿Cómo podemos definir al hombre? ¿Tiene sentido la existencia humana?
12. ¿Cuál es el origen de todo lo real, cómo surgió el mundo, el universo, la realidad?
13. Los filósofos, ¿puede creer en Dios o necesariamente son ateos?
14. ¿Hay alguna relación entre la filosofía y la política?
15. ¿Qué es el tiempo? ¿Existe el tiempo?
16. ¿Hay filósofos en la actualidad? Y si existen, ¿a qué se dedican los filósofos?
17. La filosofía, ¿es la misma en todo el mundo o depende de los diversos pueblos y culturas?
18. Obrar moralmente bien: ¿depende de la religión, de la filosofía o de las leyes?
19. La filosofía, ¿depende de lo que cada uno piensa o hay que estudiarla para poder pensar con fundamento?
20. Finalmente, ¿cómo se puede definir a la filosofía?


· NORO JORGE E. (2003), FILOSOFIA. HISTORIA, PROBLEMAS, VIDA. Editorial Didascalia. Rosario. 3ra. Ed.
· NORO JORGE E. (2005), PENSAR PARA EDUCAR. Editorial Didascalia. Rosario.
· DOCUMENTOS VIRTUALES:
www.instituto127.com.ar

lunes, octubre 01, 2007

006. AUTORES, TEMAS Y PROBLEMAS DE LA FILOSOFIA.

La filosofía no ofrece un discurso único: no está edificada dogmáticamente sobre respuestas consolidadas, no hay una sola palabra y, aunque busca la verdad, se construye sobre múltiples formulaciones de las verdades. Puede interpretarse como un defecto o una carencia. Comparado con el discurso de las ciencias, la filosofía está en desventaja. Ha formulado sus interrogantes desde los albores de las civilizaciones, ha aparecido históricamente en un momento dado., tiene una presencia temporal previa a la de muchas ciencias positivas y, sin embargo, no puede compararse con ellas en la construcción de las respuestas.

Es un lugar común afirmar que todas las respuestas filosóficas se nos ofrecen con los mismos derechos: cada una aspira a ser leída, consultada, interpretada como una aproximación (la más convincente, la más rigurosa, la más segura) a la verdad esperada. El esfuerzo parece ser vano porque sobre la pluralidad de respuestas se siguen construyendo nuevas filosofías, con la misma aspiración original que generó las primeras. A nadie se le ocurriría proponer como válidas las rudimentarias formulaciones de la medicina griega o las interpretaciones físicas o astronómicas de Aristóteles. La ciencia actual - la única vigente - funda su validez sobre los conocimientos antiguos debidamente consolidados, criticados y superados.

La autoconciencia histórica pone a la filosofía frente a esta multiplicidad de realizaciones. Algunos la han denominado "anarquía de los sistemas filosóficos" porque representa una fuente rica e inagotable, pero tan variada que puede conducir a la confusión, a la desorientación, a la vana sensación de estar ante una caleidoscópica sucesión de verdades y de doctrinas, sin poder hacer pie en ninguna.

Los filósofos no son hombres empecinados, empeñados en una tarea imposible, en muchos momentos ilusos o torpes en la búsqueda de una verdad escurridiza: representan una sucesión que encuentra su identidad en el tipo de verdad que caracteriza al filosofar. Por que no se trata de la misma verdad de las ciencias. Ni mejor ni peor; es un ámbito distinto, es otro tipo de verdad. No juega con la eficiencia de otros saberes, pero mide con otros parámetros su propia eficacia. Los contenidos del filosofar abundan en temas e ideas que no son objetos de una única visión o interpretación. Los grandes temas de la filosofía (el hombre, su existencia y destino, su constitución, el mundo y sus interrogantes, las relaciones que establecen con los otros hombres, su ser inmanente o trascendente, la búsqueda de un origen y un sentido primordial, etc.) no pueden tener respuestas únicas. En la sucesión de las respuestas y en la comprensión de las mismas cada uno -- desde su profesional o circunstancial acercamiento a la filosofía -- va encontrando, va "leyendo", va construyendo sus propias respuestas. Una mente abierta y un espíritu amplio permiten de-codificar los diversos mensajes que solamente se constituirán en mensajes efectivos en el receptor que somos. Aunque la filosofía no tenga -- como disciplina -- el propósito de convertirse en filosofía de vida, cada existencia humana se alimenta de algunos principios filosóficos que deben ser purificados y que pueden beberse de la fuente abundante del pensamiento.
La pluralidad de las filosofías (obras, autores, nombres, ideas, términos, razonamientos, sistemas) no es un defecto, sino una riqueza. En esto la filosofía no se asemeja a la ciencia (con la que comparte numerosos aspectos metodológicos y críticos), ni comparte criterios con la religión (que se sostiene en un sólido cuerpo dogmático), sino al arte y a la literatura (aun sabiendo que se trata de ámbitos inter-comunicados, pero formalmente diferentes). La filosofía se revela como un tesoro acumulativo, sistemático, transmisible: no está dado nunca de una vez por todas, sino que es perfectible y aumentable. Alcanzar de manera definitiva la verdad es una alarmante perspectiva para la filosofía que vive más bien de lo aproximativo y perfeccionable. Desde este punto de vista es preferible mantener abierta la posibilidad de adelantos y de mejoras...sin desesperarnos por encontrar respuestas monolíticas, indiscutibles o dogmáticas. Bien pudiera ser que entre el desánimo y el cansancio de esa búsqueda incesante descubramos el auténtico valor de un pensamiento que nunca renuncia a la búsqueda más profunda. Es desechar la paz de la fortaleza para encontrar el aire fresco de la libertad de un camino que se va construyendo al andar.
NORO JORGE EDUARDO

005. LA FILOSOFIA Y LA HUMANA CAPACIDAD DE PENSAR

Aunque todos los hombres nacen con la capacidad de pensar, el ejercicio del pensamiento depende de dos factores: uno es interno, subjetivo, y consiste en el desarrollo, en la puesta en acto de esa capacidad original, natural. Aunque todos nacemos con la posibilidad (potencia) necesitamos encontrar los medios que la pongan en funcionamiento (acto). En muchos casos, la capacidad de pensar parece inhibida, clausurada, negada. Y se observan procesos de involución (retrocesos hacia la barbarie o estado evolutivos previos) o animalización. La capacidad de pensar diferencia ontológicamente a los seres humanos de los demás entes, le imprime en sello diferenciador, lo jerarquiza con respecto al resto: el ser humano es el único ser que puede pensarse a sí mismo (reflexionar) y pensar el mundo que lo rodea (objetivar la realidad y no quedar sumergido en ella). Pero además, se requiere un factor externo, objetivo: que se habilite socialmente la capacidad, el derecho de pensar para que el mismo no sea privativo, exclusivo de una clase o de un grupo de individuos en una sociedad. De hecho, el siglo de las luces (siglo XVIII) – también denominado ilustración o siglo de la razón – es el siglo que descubre, defiende y proclama el derecho al pensamiento como un ejercicio propio de todo ser humano[1]. Más allá de la revolución burguesa de Francia, desde mediados de 1700 crece la convicción de que todo hombre por su carácter de tal tiene derecho a la “mayoría de edad” (Kant), al pensamiento autónomo… y que en materia de religión, de política, de moral cada uno podía resolver sus cuestiones según sus propias convicciones.

No es difícil comprobar – en nuestros días - que la realidad cotidiana nos impone la urgencia de lo inmediato, el indiscutible valor de las demandas personales y sociales, las insoslayables dificultades del diario vivir, las vigencias de opiniones ajenas e impersonales, la sobreabundancia de mensajes contradictorios, los gravísimos problemas que nos rodean. Esta suma de manifestaciones tienen una rara virtud: la de neutralizar nuestra capacidad de pensar, de anular el mundo de las ideas. Como obedeciendo a un primitivo reflejo condicionado respondemos a la acción con la re-acción, al golpe con otro golpe, a las fuerzas que presionan, con nuevas y renovadas muestras de fuerza. Entonces, el pensamiento se convierte en el gran ausente. Se anula la capacidad simbólica de representar la realidad y de generar respuestas alternativas, innovadoras, superadoras. Inmersos en el fragor de la lucha cotidiana el universo adulto se ve arrastrado por la inconsciencia.

Más acá y más allá de las dificultades y de los problemas existe un amplio campo de debate, discusiones, decisiones. Porque, definitivamente, es en el escenario de las ideas en el que se deciden las grandes y las pequeñas cosas. En las personas y en las sociedades hay elementos intangibles, inmateriales, simbólicos, meras construcciones del pensamiento que contribuyen a definir el perfil de mundo y de la sociedad que tenemos. En este nuestro mundo y en esta nuestra sociedad están emergiendo los problemas que nos rodean. Somos protagonistas del pensamiento que nosotros mismos generamos o somos receptores y fieles ejecutores del pensamiento ajeno. Cuando sólo nos limitamos a pensar lo que otros piensan, podremos reaccionar contra los efectos, lamentar las consecuencias, pero nunca seremos capaces de determinar (y eventualmente cambiar) las causas que los producen.

¿Qué es la filosofía? Entre las muchas aproximaciones podemos limitarnos a afirmar que solamente se trata de la disciplina que vela por la posibilidad del pensamiento, que instaura – en cada hombre interesado en dejarse atrapar por ella – el pensamiento y la razón, la reflexividad y la razonabilidad. Pero sobre todo no se agota en la posibilidad del mero ejercicio del pensamiento sino que lucha por lograr el pensamiento mejor La filosofía propone instaurarse en el campo de las ideas. Conocer, leer, interpretar la filosofía, hacerla y construirla, es optar por el más acá y el más allá de las circunstancias, involucrarse en el pensamiento, renunciar a la pretendida neutralidad. Podemos afirmar que eso que llamamos filosofía es hacernos cargo del campo del pensamiento y del sereno y reflexivo debate de las ideas en la búsqueda de la verdad.

Y ¿qué queremos decir con la palabra pensamiento? Algunos autores interesados en crear espacios educativos para el ejercicio del pensamiento han definido las siguientes estrategias que - sin ser exhaustivas - presentan un panorama completo del humano oficio de pensar:

Dar razones y distinguir las buenas de las malas – hacer preguntas – tener distinciones y conexiones – entender relaciones (parte/todo, medio/fin, causa/efecto) – usar analogías – entender y evaluar argumentos – identificar, justificar y cuestionar supuestos – construir explicaciones – clasificar y categorizar – formular y aplicar criterios – ser auto-crítico con el propio pensamiento – buscar evidencias y probabilidades – emitir juicios de valor y justificarlos – clarificar sentidos e interpretaciones de sentido – definir y analizar conceptos – saber definir(términos, situaciones, problemas) – generalizar adecuadamente a partir de casos y experiencias particulares – anticipar, predecir y explorar consecuencias – reconocer contradicciones – detectar sofismas y falacias – generar y comprobar hipótesis – detectar vaguedad y ambigüedades – ajustarse al tema tratado (ser relevante) – desarrollar disposiciones de coraje intelectual, humildad, capacidad de escucha del otro, aceptación de ideas ajenas, integridad, perseverancia, imparcialidad - aceptar la complejidad y la borrosidad del pensamiento(zonas grises entre el negro y el blanco) – tomar en cuenta perspectivas y puntos de vista alternativos
[2]

El pensamiento (como ejercicio de la facultad racional) es connatural al ser humano, pero su desarrollo – como sucede con el resto de las disposiciones personales – es resultado de las condiciones personales, del medio social, de la educación y del hábito. Hay un largo trabajo de aprendizaje para ser racionales... y para ejercer adecuadamente el pensamiento. El pensamiento no es un material asimilable al aislamiento y a la inacción. Pensar en soledad y construir las ideas en un clima de serenidad no son sinónimos de separación de la realidad, de renuncia al compromiso, de separación del campo de batalla. . Pensar y crear ideas deben ser caminos idóneos para la inserción creativa en la realidad. No siempre la filosofía (sus escritos, sus representantes, sus profesores, su historia) ha reflejado esta dialéctica inter-acción de niveles, pero sería injusto (e históricamente inexacto) afirmar, que ha filosofía ha sido una isla de fantasía, en la que el filósofo (en su castillo de cristal) ha podido tejer la telaraña fantasiosa de sus propias naderías...

Sócrates con su muerte, Platón con sus utopías políticas, Aristóteles en el corazón de los conflictos que dividieron las opiniones helénicas frente a las invasiones, G. Bruno en la hoguera de la modernidad, Spinoza con su propuesta de libertad de expresión, Leibniz y su activa vida como diplomático, Kant y sus claudicaciones frente al férreo poder del Estado Prusiano, Hegel y sus ideas de las sociedadad y de la historia, Marx y su versión de los conflictos claves de la sociedad, Sartre y sus alternantes compromisos políticos, Beltrand Russell y su presencia en el tribunal de los Derechos Humanos, Heidegger y su confusa presencia en la Alemania de 1930, son algunos ejemplos de esta línea de integración del pensamiento con la praxis, de las ideas y las acciones. Porque el verdadero pensamiento no se refugia en la construcción de un universo de entelequias, sino que se transforma en conductas – personales y sociales – reflexivas y razonables.

La búsqueda no debe extenderse demasiado para captar que en numerosos momentos de la historia, la filosofía ha definido desde sus fundamentos el rumbo mediato o inmediato de los acontecimientos. Anticipatoria del por-venir asumía una auténtica función profética, porque tenía el don de interpretar, de leer, de de-codificar los signos de los tiempos presentes para indicar la senda de los tiempos futuros. No solamente, anticipaba el porvenir, sino que contribuía a crearlo con el torbellino de sus ideas

En este aspecto, tal vez, la filosofía de nuestros días haya entrado en crisis, renunciando a su íntima vocación y desbordada por el arrollador avance de los acontecimientos y de la información no logre pronunciar palabras, Los cambios históricos han sido el resultado de producciones urgentes, sin requerimiento de pautas, rumbos, metas; sólo han funcionado algunos "operativos de salvamento." La situación actual se parece mucho a la desesperación de un náufrago, que en medio de la tempestad y del mar, destruida su embarcación y ajeno a cualquier costa cercana, necesita simplemente un salvavida, no un curso de meditación o de sistemas de seguridad.. Urgido por sobrevivir, difícilmente pueda plantearse qué hacer con su vida o con su embarcación. En lugar de teoría, exige praxis para poder enfrentar su desesperación y la situación que lo envuelve y lo rodea. El mar lo envuelve, lo amenaza y lo golpea. El sol y la noche juegan con sus posibilidades de subsistencias. Abrazado al salvavidas el naufrago (todos nosotros, la sociedad) quiere llegar a la orilla. Ya tendrá tiempo para replantear el viaje, la nave, la vida...

El naufragio no es una figura de ficción: es el reflejo de nuestra sociedad actual, de nosotros mismo. A nuestras puertas golpean demasiados problemas, exigiendo respuestas inmediatas, sin innecesarias dilaciones... No resulta sencillo rebatir esta urgencia de la acción porque tiene sus propios argumentos. Cabe preguntarse si es la única y definitiva alternativa; si -- cuando, como náufragos, hemos llegado a alguna de las playas a reponer nuestras fuerzas -- no podemos finalmente formularnos esas otras preguntas que no logramos ni imaginar en el fragor de la batalla por la subsistencia...

La filosofía deberá ocuparse de los fundamentos: de las causas, de la razón de ser de lo que acontece, de la totalidad de lo real. El fundamento mora en la raíz y oficia de sostén, da cuenta de su solidez o de su fragilidad, da razón de una preferencia, de una elección, de una realización, de una concepción, de una alternativa (preferible a muchas otras). A él se refieren los conceptos, los interrogantes, las ideas fundamentales para encontrar su justificación. Son los cimientos de un edificio del que podemos comprobar exteriormente sus paredes descascaradas, los rincones húmedos, las fisuras, pero del que - sabemos - debemos hurgar en las profundidades para certificar qué es lo que "está cediendo". La filosofía no ha hecho más que apropiarse (en el término fundamento) metafóricamente de una palabra que procede de la arquitectura y, a través de ella, apuntar a lo que da razón de su existencia o su razón de ser y a la proposición más general y más simple de la que se puede deducir todo un conjunto de conocimiento o de acciones consecuentes.

Hay multitud de ciencias y disciplinas particulares que se hacen cargo de diversas áreas del saber y del hacer (ciencia y tecnología). En ellas descansa la suma de los principios operativos y resolutivos. A la filosofía le compete el hacerse cargo de lo que ellas no abordan: no puede ni debe sustituir o mejorar lo que los restantes conocimiento dicen y hacen, no es mejor ni peor que ellos: es distinta. Se hace cargo de lo que precede a la reflexión científica y a la decisión técnico-estratégica. Ahonda las respuestas pero en otro plano que no la obliga a competir con las ciencias. En algún sentido, la filosofía – podemos afirmar – “sirve porque no sirve”. Corre el riesgo, sin embargo, de sentirse avanzando en un sentido opuesto al corriente, de estar como ocupándose de nada, de no hacer nada, de renunciar a la indiscutible utilidad de las ciencias y de los conocimientos aplicados. En esta decidida vocación por asumir un nivel de conocimiento propio (saber lo que las ciencias no quieren ni pueden saber) y de renunciar a toda inmediata utilidad descansa el fundamento y la labor de la filosofía.

Todas estas afirmaciones tienden a cuestionarnos. Por momentos pareciera que hemos tomado el camino equivocado. La filosofía tiene para muchos que no se dedican a ella un carácter operativo e instrumental, está para apuntalar aspectos determinados del hacer y del obrar. Al hablar en estos términos pareciera que damos vuelta en un laberinto sin que podamos ofrecer o encontrar alguna solución a la mano. Hasta puede acontecer (la filosofía es acontecimiento) que algún interrogante o alguna respuesta nos prive de la seguridad habitual. Tememos que con el afán del conocimiento se nos des-armen nuestras estructuras...y que nos encontremos con una íntima (u objetiva) impresión de ya no saber, de no saber lo suficiente, de tener demasiados interrogantes y pocas soluciones. Es el compromiso que asumimos, pero vale la pena afrontarlo: puede parecer que perdemos tiempo, pero es una inversión que fructificará generosamente.
NORO JORGE

[1] Es verdad que para el pensamiento europeo que proclamaba este poder omnímodo de la razón, el universo al que se refería se circunscribía casi exclusivamente a los mismos europeos, excluyendo a razas y pueblos que podían ofrecer una manera diferente de ser (negros, aborígenes, bárbaros).

[2] SPLITTER y SHARP, La otra educación. Filosofía para niños.

jueves, septiembre 27, 2007

004. LA FILOSOFIA COMO EXPERIENCIA Y CONSTRUCCIÓN.

La única forma de entender la filosofia es encontrarse con ella en temas que nos involucren. Ningún saber es tal si definitivamente no se convierte en parte de nuestras vidas. La filosofia es un conjunto de saberes atesorados y puesto a disposición de quienes acuden a él. Pero como todo tesoro, hay dos formas de acceder al mismo: para admirarlo, cuidarlo, ordenarlo, pulirlo, exhibirlo… o para usarlo, invertirlo, gastarlo, disfrutarlo, dilapidarlo. La filosofia es un tesoro generoso que no disminuye porque sean muchos los que accedan a él. El problema es que la filosofia es un tesoro que no entrega una receta para su utilización. Cada uno decide qué hacer. Puede suceder que el tesoro esté allí a la espera de su usufructo y que muchos padezcan miseria o se mueran de hambre sin saber que lo tienen a la mano. Pero puede suceder que el tesoro despierte el entusiasmo de los usuarios y que se lancen a usarlo, a aplicarlo, a recrearlo y descubran el milagro: la filosofía es un tesoro que, cuando más se lo usa, más riqueza se obtiene, mas tesoro se vuelve. No sólo no se agota, sino que se multiplica.

Hay que desconfiar de los administradores del tesoro (por ejemplo, los docentes, los profesores) porque frecuentemente suelen aplicar con nosotros sus propias costumbres. Si son celosos y aburridos custodios del tesoro que no se atreven a abrirlo y que gozan observando el cofre, el brillo, las vitrinas, querrán que nosotros seamos iguales a ellos, que reproduzcamos sus hábitos, advirtiéndonos que el tesoro es demasiado importante como para andar por allí, por calles peligrosas y en horarios inconvenientes poniéndolo en riesgo. Tal vez nos convenga poner el oído a otro tipo de guardianes: a los que en lugar de frenarnos nos entusiasman, en lugar de reglamentarlo todo proponen una experiencia y desafían nuestro atrevimiento. Porque la experiencia de la filosofia es contagiosa y cuando nos enloquecemos con el pensamiento, no nos desprendemos más de él. La mejor manera de acceder a la filosofía es transformarla en parte de nuestra vida, en ingrediente de nuestras tareas, en condimento imprescindible de nuestras decisiones. No se puede aprender filosofía si no se la experimenta: nadie sabe lo que es la riqueza si no se da el gusto de vivir como un rico, a quien los recursos no le pesan, porque tiene demasiado.

En la filosofia, interesan las respuestas porque frecuentemente acudimos a ella para buscarlas, pero son mucho más valiosos los interrogantes. La experiencia de la filosofia, por tanto, se transforma en un juego dialéctico de preguntas, respuestas, nuevas preguntas y nuevas respuestas. Debemos entrar y salir de la filosofia con muchas más preguntas que respuestas. Y las respuestas que tengamos son respuestas que salen a buscar nuevas preguntas. La actitud permanente es la de quien se vive preguntando, vive discutiendo lo que es. No se trata de preguntarle y discutirle a los demás porque nos convertiríamos en individuos insoportables (y como Sócrates, nos exponemos a que nos persigan, nos juzguen, nos condenen y nos ejecuten), sino que preguntas que moran en nuestro interior y que tratamos de procesar.

Las preguntas de la filosofia no admiten cualquier respuesta. A veces, no admiten ninguna respuesta, sino nuevas maneras de preguntar. De hecho en toda su historia, la filosofía se ha formulado una y otra vez las mismas preguntas y ha generado innumerables respuestas que sin embargo no nos conforman del todo, porque seguimos buscando. La búsqueda revestida de interrogantes es una caracterización perfecta del filosofar: porque en realidad la vida, la realidad, el ser, el conocer, la verdad, la muerte, el bien, el mal, el universo, las relaciones humanas, nosotros mismos, la sociedad constituyen los temas y problemas de la filosofía que recorren especialmente la historia del pensamiento occidental.

La filosofia es algo dado. Encontramos nombres, textos, autores, problemas, sistemas, escuelas, métodos, demostraciones, argumentaciones, alegatos. Pero es sobre todo algo que se construye a partir de lo que encontramos. El patrimonio, la riqueza, el tesoro de la filosofia dialoga con nuestra realidad, con nuestra vida, con nuestro pensamiento. La filosofía dada llega a nuestras manos como un material que requiere nuestra elaboración. Tal vez no seamos filósofos ni autores destacados, sino simples usuarios del filosofar que alimentamos nuestro pensamiento con el pensamiento de otros, pero con la íntima convicción de que lo que interesa es nuestro propio pensamiento, ya que nadie puede pensar por nosotros.
NORO JORGE EDUARDO
norojorge@gmail.com

003. LAS DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

El pueblo estaba recostado contra la montaña y rodeado por un río torrentoso y cristalino que le iba dando la forma definitiva al valle. Lejos de los centros urbanos. Lejos de todo. Sólo un camino zigzagueante y peligroso y de mano única conducía hacia el pueblo, lo atravesaba cortándolo simétricamente y se perdía rumbo a la cordillera. Todos sabían que para emprender el camino de regreso había que rodear las montañas o atravesar el río y tomar otra carretera.

En este pueblo, desde hacía mucho tiempo, vivían dos personajes ilustres, dos sabios, dos amantes del saber, dos filósofos. El azar o la geografía los habían distribuido en dos puntos antagónicos, aunque en cabañas de estructuras similares. Uno vivía en el Norte y a la entrada del pueblo; el otro, en el Sur, a la salida, cuando el camino se perdía en el paisaje.

Nadie, ni siquiera los habitantes más viejos e informados, sabían precisar desde cuándo estaban allí y por qué habían elegido vivir en un lugar tan alejado de todo. Pero nadie ignoraba su presencia. Los dos sabios vivían prácticamente sumergidos en sus propias actividades, sin mayor contacto con la comunidad. No se comunicaban entre si. Es obvio que cada uno sabía de la presencia del otro, pero por razones o circunstancias desconocidas no habían establecido nunca un diálogo. Algunos memoriosos recordaban un par de encuentros casuales, fugaces, ínfimos... y nada más.

Los vecinos del lugar conocían perfectamente la ubicación de uno y de otro. Lo sabían y lo tomaban como referencia para ubicar, a su vez, algunos lugares del pueblo. Pero sobre todo, lo demostraban con orgullo cuando numerosos visitantes venían a buscarlos, a conocerlos, a hablar con ellos. Entonces, solían repetir: “¿A cuál de ellos busca?”. Cuando el visitante los miraba sorprendido, los vecinos solían marcar los dos rumbos (Norte y Sur, Entrada y Salida)... para luego entrar a detallar los caracteres de cada uno de ellos.

Los sabios no tenían nombres conocidos. La geografía había sustituido su identidad, y sus caracteres habían permitido diferenciarlos claramente. Ambos practicaban la filosofía, pero eran completamente distintos. El sabio del Norte -- el de la Entrada del pueblo, con su cabaña totalmente de madera y los añosos árboles cobijando el acceso -- era seguro, firme, convincente; su voz clara, pausada y sonora acompañaba la perfección de sus enunciados y de sus respuestas. No admitía dudas, no asomaba ninguna conjetura, solo expresaba la verdad y lo hacía con la certeza que provenía del conocimiento trabajosamente adquirido, archivado, retrabajado y sistematizado. La multitud de libros y de papeles que rodeaban cada una de las habitaciones de su cabaña eran la prueba de todo este esfuerzo. Cuando alguien lo interrogaba, él escuchaba atentamente la inquietud, se tomaba el tiempo para volver a formular la pregunta (certificando si la había entendido correctamente) y luego daba a conocer la respuesta necesaria y precisa. Los interlocutores enmudecían, tomaban nota, lo reverenciaban. Cada palabra era una producción de valor trascendental e histórico. En cada encuentro se estaba produciendo una revelación.

El Sabio del Sur -- el de la Salida, con su cabaña blanca y matizada de una vegetación de variados colores -- tenía otras características. También en sus habitaciones abundaban – desordenados - los libros y los papeles. Lo curioso es que muchos de ellos estaban abiertos, con referencias, marcas, señaladores, escritos. Al ingresar a la vivienda un tenía la sensación de encontrarse con un laboratorio de trabajo, sorpendiendo al filósofo en plena tarea. Se mostraba con una admirable sencillez asociada a una contextura física más frágil. El tono de su voz era sereno pero por momento titubeante, incierta. Combinaba sus palabras con largos silencios y profundas miradas. No le temía a las dudas sino que muchas veces se sumaba a ellas. Era común que respondiera a una pregunta con otra pregunta o a una de sus respuestas con varias conjeturas que la invalidaban o la relativizaban. Cuando venían a visitarlo, él los recibía con entusiasmo y gozaban escuchando a los recién llegados; formulaba observaciones, los interrogaban, les pedía que dijeran lo que ellos mismos pensaban... y al final, cuando el sol comenzaba a desarmarse entre los huecos de la montaña, expresaba algunas opiniones recordándoles que no las tomaran como definitiva, que debían seguir discutiéndolas en el camino de regreso.

“¿A cuál de los dos buscan? “, era la pregunta natural de los vecinos del pueblo a los visitantes. Pero ellos no recomendaban, sino que simplemente indicaban. Los visitantes -- misteriosamente -- venían sabiendo qué tipo de sabio querían encontrar. Al sabio del Sur le causaba placer recibir grupos reducidos, informales. No distinguía en ellos niveles, antecedentes, estudios o lecturas. Estaba convencido de que la verdad -- como búsqueda permanente -- moraba en todo ser humano pero que debía despertarla y que a él le correspondía la tarea de resucitarla. No era raro que después de horas de diálogos animados, en un juego interminable de preguntas y respuestas, la conclusión emergiera de la boca de un hombre simple o de un joven inexperto. Casi siempre -- cuando esto se producía -- el Filósofo de la Salida sonreía satisfecho y ya no hablaba más. Todos interpretaban el silencio como despedida y se retiraban más ricos interiormente aunque no llevaran consigo ningún documento, ninguna respuesta.

Al sabio del Norte le agradaban las entrevistas personales o los grandes grupos. En la primeras parecía encontrar en el interlocutor (generalmente, grabador en mano) el registro histórico de sus verdades y lo comprobaba por el interés que despertaba con sus monólogos y por el brillo de sus ojos al descubrir en sus palabras los reflejos de la verdad. Con los grupos gozaba porque sabía que podía llegar a más gente y que -- a través de ellos -- la verdad se podían volver expansiva, casi universal. Ellos también sabían por el tono de la voz cuando el encuentro finalizaba y partían orgulloso por el caudal de anotaciones, conocimientos, mensajes y verdades (casi sagradas) que habían atesorado.

Curiosamente, ni los vecinos del pueblo ni los visitantes solían recurrir a los dos filósofos a la vez. Partidarios ocasionales o deliberados de uno o de otro, preferían mantenerse fieles a su estilo. No generaban bandos o antipatías sino tolerancia y respeto.

El paso del tiempo, con implacable persistencia, fue diluyendo las noches y los días. En un breve período murieron los dos sabios. El filósofo del Norte murió en un tibio amanecer de octubre, rodeado por sus seguidores más consecuentes. El sabio del Sur murió en una plácida tarde estival, cuando un grupo de visitantes abandonaba la casa. A partir de entonces el pueblo, el río, la montaña, el camino se quedaron un poco huérfanos, añorando tiempos pasados. Uno y otro, prolongando una mágica simetría fueron sepultados en sendos valles: cada uno en la suave ladera de las montañas, las mismas que servían de marco a cada una de las viviendas.

La casa del Filósofo de la Entrada (Norte) se convirtió rápidamente en un Centro Cultural y académicos de prestigio, al que acudían desde remotos lugares para estudiar los libros del sabios, hacer las interpretaciones, ordenar sus escritos, publicar sus obras, divulgar sus ideas, repetir sus enseñanzas.

La sencilla casa del Sabio de la salida (Sur) se convirtió en una escuela. Sus libros, sus escritos y sus pertenencias fueron utilizados para continuar con el espíritu de búsqueda de su antiguo morador. Entre aquellas sabias paredes se respiraba la necesidad de no detenerse en ningún conocimiento definitivo, en multiplicar las preguntas, en relativizar el valor de las respuestas.

Junto a la tumba del Sabio del Norte nació un árbol sólido y frondoso: se convirtió en un lugar de referencia para tantos visitantes que acudían a recordarlo y venerarlo; encontraban bajos sus ramas sombra, seguridad y protección. En el otro extremo, en el valle del Sur, junto a la tumba nació un árbol cargado de frutas que, sin reparar en las estaciones, se prodigaban en alimento para los visitantes.

A veces, en ciertas noches de verano y en algunas frías mañanas de otoño, sobrevuela de un extremo a otro del pueblo, un espíritu inquieto preguntando y preguntando. “¿Cuál de los dos era realmente sabio? ¿Quién era realmente el filósofo y tenía la habilidad para proponer el ingreso en el terreno del pensamiento? ¿En cuál de ellos moraba el tesoro de la verdad?
NORO JORGE EDUARDO